Lunes 8 de Septiembre del 2008, Same Shit, Everydays!
Son poco más de las seis y media de la tarde (aunque no sé cuando publicaré esto) y estoy en el aeropuerto Charles De Gaulle, en Paris. A las 15:40 he despegado en un avión de Air France, desde Bilbao. El avión era una especie de autobus con un ala a cada lado. A los pocos minutos hemos superado la barrera de las nubes y nos hemos situado sobre ellas, se ha estabilizado la altura y la velocidad y todo recto hacía Francia.
Es bastante agradable ver las nubes así, con sus caprichosas formas y su textura, que invita a extender la mano y tocarlas. Y cuando las nubes dejan ver el suelo, casi dan ganas de tirarse y volar un rato...
El vuelo ha sido muy corto, casi no ha dado tiempo a comer lo que ofrecían las azafatas e intentar dar una cabezadita (que hubiese conseguido con unos diez minutos más de vuelo). El avión iba casi repleto, lo que no es decir mucho dada su limitada capacidad.
Tras aterrizar el avión ha estado un buen rato dando vueltas por el aeropuerto parisino, que tiene más kilómetros de pista que todos los aerpuertos españoles juntos (así a ojo). Después de salir de esa caja de zapatos con alas hemos montado en un autobus que ha estado otro buen rato recorriendo el resto del aeropuerto, por si nos habíamos quedado con ganas... y, ¿quien decía que los franceses conducían mal? El señor conductor del autobus se ha ido parando uno a uno en todos los stops que ha encontrado hasta llegar a nuestro destino. Es curioso ver como se para en una zona inmensa, asfaltada en la que no hay ni un sólo vehículo a la vista.
La conclusión de éste primer vuelo es que he estado más tiempo dando vueltas por el aeropuerto que en el aire. Algo que me ha parecido curioso es que, a la salida, no había ningún tipo de control, salir del autobus, entrar en la terminal y de ahí a donde quiera...
Ahora toca esperar un par de horitas o tres para embarcar en el avión que hará el viaje largo, desde Paris hasta Shanghai. De mientras daré una vuelta por el aeropuerto y sus alrededores y comeré algo. Cuando vuelva a salir de un aeropuerto estaré en otro continente y serás las cuatro y pico de la tarde hora local, lo que hace que aquí sean las... ocho de la mañana, o algo así, que no estoy para pensar mucho.
Bueno, mucho tiempo después de la última vez que plasmaba por aquí mis desvaríos, me digno a volver. Han sido un par de meses más bien frenéticos, de mucho cansancio, estrés y nerviosismo. Casi todo muy habitual ya. Sigo inmerso en una época bastante extraña, en la que creo que necesito echar el freno de mano y replantearme un montón de cosas.
Y no sé cuando tendré tiempo para eso, estos días serán algo irreales, de estrés y preparativos de última hora. Dentro de dos días y medio estaré en un avión con un viaje de unas quince horas por delante para acabar a diez mil kilómetros de aquí. Y, claro, a tan poco tiempo de un viaje así y con tantas variables sin despejar aún, hay bastante nerviosismo en el ambiente. Y eso que lo tengo todo bien definido, pero creo que me falta tiempo para ejecutarlo.
Esto no encaja mucho con la idea de la necesidad de replantearse punto por punto la mayoría de los aspectos de mi vida. Pero quizás ayude, quien sabe... Puede que sea el punto de inflexión necesario para volver a dar impulso a unos motores que se están empezando a oxidar. Lo cierto es que algo hay que hacer, últimamente parezco un fantasma, falta una chispa que deslumbre a la apatía y a la desgana (¿hay drogar para ello?).
Supongo que la próxima vez que escriba por aquí estaré de viaje o de vuelta, quien sabe. Sea como sea espero que se renueve la energía que debo tener escondida por algún sitio.
Breve y mal, como me dicen todas (es increíble como se puede utilizar esa coletilla con cualquier frase). Pero quien quiera más.... que se lo gane.
Fin de semana normalito, salir el viernes, descansar sábado y domingo, no es mal plan.
El viernes a la noche hubo cena con unos cuantos compañeros de trabajo (creo que eramos 26 ó 27). Después de tomar algo para ir abriendo boca, fuimos a una cervecería a cenar. Y en mi opinión, el menú no estuvo a la altura del precio, no estaba malo, pero tampoco era algo espectacular, y era bastante escaso. Pero eso apenas importó, no tardamos mucho en empezar con tonterías varias (¡qué de juego dan un puñado de globos!). En la mesa de al lado estaba la plantilla del iurbentia Bilbao Basket celebrando su victoria frente al Barcelona, aunque a mi me lo tuvieron que decir, y ni siquiera me acerqué a saludar. Después del postre (chocolate, por supuesto), salimos en busca del bar más cercano. Llevaba lloviendo desde el principio de la noche, así que había que ir esquivando la lluvia, o arrimarse a alguien con paraguas (lo que no era mala opción, la verdad).
El primer bar al que llegamos estaba vacío. Serían las doce o doce y media. Pedimos unas copas y estuvimos durante largo rato allí. Jugamos un par de partidas o tres al billar. Hacía más de tres años que no jugaba al billar, y nunca he sido especialmente bueno, pero no tuve mala noche, y parece que iba jugando mejor cuanto más bebía, igual está ahí el secreto. Después de declararnos vencedores absolutos ante las mujeres, cambiamos de bar.
Vagamos hasta otro bar, entre lluvia, una vez más. En esta ocasión había bastante gente en el bar, pero no tardamos en hacernos un hueco en una esquina. Estuvimos en el bar un buen rato, hasta que las mujeres se pusieron celosas cuando un par de treintañeras intentaron ligar con nosotros. ¡Mujeres! Pueden estar toda la noche pasando de nosotros, pero cuando alguna se nos arrima, enseguida sacan las garras.
Así que salimos del bar, y como ya era tarde y los bares empezaban a cerrar, nos fuimos marchando lentamente. Tras unos cuantos desvaríos y algo de charla, sobre las seis de la mañana nos retiramos.
En algún momento de la noche, le dejé mi cámara de fotos a un compañero de trabajo, para no estar pendiente de ella. Aunque luego, se me olvidó pedírsela, así que se la llevó a casa. Espero que no tuviese fotos (muy) comprometidas en la tarjeta, que nn vaciaba desde el año pasado.
La noche dio para bastante más, pero la mitad se me ha olvidado, y no tengo ganas de relatar la otra mitad, así que tendrá que valer con éste pequeño resumen, pondría alguna foto (me sorprende mi total indiferencia ante hacer el ridículo delante de una cámara de fotos), pero no tengo ni la cámara ni las fotos.

Es algo típico y normal: cuando tienes unos días libres (un puente en éste caso) vuelves más cansado de lo que te fuiste. Pero es normal, se cambian las horas de sueño, se descansa menos (aún) se hace más ejercicio... Hoy tengo agujetas y el cuerpo dolorido, y no sé de qué es.
El miércoles a la tarde salí de trabajar y, en vez de ir al curso de Java, me escaqueé y fui a cortarme el pelo (quizás demasiado). La tarde estaba bastante gris. incluso se atrevió a dejar caer unas gotas de lluvia, aunque muy tímidamente. Al volver a casa preparé algo de ropa, puse en orden un par de cosas y me acosté prontito. El Jueves me levanté, me duché, desayuné, me acicalé un poco, cogí la maleta y salí de casa, rumbo a Pamplona.
A mediodía estaba allí y, en contra de lo que esperaba, hacía un calor más que agobiante, la temperatura estaba más cerca de los treinta grados que de los veinte. Tras cruzar el centro de la ciudad en coche, acabé en las afueras, en el barrio de la Chantrea, que celebraba sus fiestas. Después de llegar al piso en el que pasaría los siguientes cuatro días y de saludar al perro, salimos a tomar algo por el barrio, para ver el ambiente que había y refrescar un poco el gaznate, lo cual resultó de lo más reconfortante.
Al volver a casa, comimos y pasamos la sobremesa en el sofá. Bien entrada la tarde salimos a conocer un poco más del barrio y, un rato después, partí hacía la parte vieja de Pamplona. Es una zona que invita a pasear, plagada de antiguas catedrales e iglesias, amplias plazas, vistas espectaculares y callejuelas embriagadoras. Muchos de estos parajes son bien conocidos para los amantes de los San Fermines. El ambiente el jueves a la tarde estaba bastante animado, pero según iba entrando la noche y el cielo se iba oscureciendo, el gentío se apagaba a su vez, dejando sólo un cúmulo de personas en algunos bares, sin llegar a llenarlos. Sobre la una y media de la mañana cogí un taxi para ir a casa y descansar, pues el día siguiente sería bastante largo.
El viernes nos levantamos sin madrugar demasiado, desayunamos y nos fuimos de excursión. No fue muy lejos, al monte Ezcaba , situado a escasos kilómetros de la capital navarra. Tras un largo recorrido de tortuosa y estrecha carretera ascendente, en los que el coche tenía grandes posibilidades de acabar encallado en una cuneta, llegamos a lo alto. Allí se encuentra el Fuerte San Cristóbal, un enorme recinto militar camuflado bajo tierra que se convirtió en prisión durante la Guerra Civil. Allí se produjo la famosa y sangrienta fuga masiva en mayo de 1938. Tiene una superficie de considerables dimensiones y, exceptuando los laterales y el foso que lo rodea, está casi completamente enterrado bajo tierra. Lo rodeamos por completo (y con ello la cumbre del monte). Las vistas eran impresionantes: Pamplona a un lado, y al otro campos, montes y algún diminuto pueblo. no fue un paseo muy largo, pero con el Sol castigándonos desde el cielo y con ayuda del hambre despertando en el estomago, decidimos volver al coche y a casa a comer.
Después de comer, y casi sin tiempo para descansar, volvimos a la carretera. Unos veinticinco kilómetros después llegamos a Puente la Reina. Es un pequeño pueblo cuyo máximo atractivo es un antiquísimo puente que es parte del Camino de Santiago. A parte de eso, también tiene una parte vieja bastante bonita y pintoresca. Eso sí, estaba lleno de peregrinos y algún que otro grupo de personas mayores. Dimos un paseo por las estrechas calles, tomamos algo fresquito a la sombra y volvimos al coche en busca el siguiente destino turístico.
Está vez el camino fue algo más largo, cerca de cincuenta kilómetros para acabar en Lumbier. No llegamos al pueblo, nos desviamos un poco antes para ir a lo más famoso de la localidad: La Foz de Lumbier. Tras bajar del coche nos preparamos para otra larga caminata, esta vez serían unos tres kilómetros junto al río Irati, hasta el Puente del Diablo. El camino no es duro ni excesivamente largo, pero el calor lo complicó todo un poquito. Como nota curiosa, hay que pasar dos túneles más oscuros que un gato negro, de noche y en un pozo de alquitrán. En uno de ellos ni siquiera veía a la persona que tenía junto a mi, a no ser que se girase y me mirase. Tiene su cosa caminar por un túnel de esas características en oscuridad total.
Al salir del segundo túnel nos topamos casi de lleno con lo que llaman "El Puente del Diablo", se trata de un puente derruido sobre el río Irate, con una peculiar leyenda. Dice más o menos así (o así es como lo recuerdo yo): Había una Señora gravemente enferma, una de sus doncellas partió en busca de agua milagrosa que la curase, pero en su camino se topó con un obstáculo insalvable, no podía cruzar el río. Mientras estaba allí, pensando como cruzarlo, se le apareció el Diablo y le propuso un trato: a cambio del alma de la doncella construiría un puente antes de las siete de la mañana. La doncella, deseosa de salvar a su Señora, accedió. El Diablo reunió a un buen puñado de criaturas infernales y se pusieron manos a la obra. Cuando el reloj del Infierno daba las siete el puente estaba concluido. Sin embargo la doncella llegó mostrándoles su reloj, que marcaba las ocho. De éste modo consiguió conservar su alma y salvar a su Señora.
Sí, ya sé que es una historia bastante floja, y no explica porque las horas eran diferentes, o de dónde sacó un reloj la doncella. Pero yo llegué a una conclusión, ya que la doncella tenía las ocho y en el reloj del Infierno marcaban las siete, una cosa parece clara: El infierno está en Tenerife.
Llegué a casa bastante exhausto, de tanto andar y de soportar tanto calor. Cenamos algo y nos quedamos en el sofá viendo la tele y tomando unas copas. Sobre la una de la mañana decidimos bajar un poco a ver cómo estaba el barrio. Había bastante gente, la mayoría agolpada en una enorme carpa, el resto por las calles o en los pocos bares que hay. Cuando nos cerraron el bar donde estábamos metidos, volvimos a casa.
El Sábado me levanté algo más tarde que el día anterior, lo justo para desayunar algo, ducharme y salir a la calle. Tras un paseillo por el Barrio llegamos a un enorme parque a orillas del río, donde cientos de personas estaban reunidas preparando la comida. Así que por allí nos quedamos, con el perro a su aire, refrescándose de vez en cuando, y nosotros haciendo lo mismo, pero en vez de meternos en el río lo hacíamos con sidra salida de una cupela de unos veinticinco litros de capacidad. Gran parte de la tarde transcurrió así, con algún que otro paseo hasta casa, para reponer fuerzas en forma de bocadillo y para prepararnos alguna copa. Después de dejar al perro en casa, volvimos a tiempo de peregrinar con todas las peñas por las calles del barrio. La marcha terminó en una plaza, donde estuvimos largo tiempo sentados en la hierba y dando buena cuenta de fría cerveza. Allí, me vi obligado a contar mi historia de "El infierno está en Tenerife" a una tinerfeña que clavaba una mirada asesina en mí. Pese a todo, resultó ser una chica bastante simpática, al igual que casi toda la gente que conocí aquel día.
Mientras estábamos allí sentados, el cielo decidió bajar las luces, y el día se fue disipando mientras se fundía con la noche. Era hora de ir a cenar. Y eso hicimos, un pequeño "hasta luego" y otra vez a casa, a ver qué tal estaba el pobre can y a volver a llenar el estomago con algo sólido. Tras el paréntesis, volvimos a la carga, a la misma plaza donde habíamos estado anteriormente y que ahora se había convertido en escenario de un concierto de rock. Allí estuvimos hasta que terminó y, después de comprar el disco para escucharlos más tranquilamente en otro momento, fuimos a la carpa que había conocido la noche anterior. En esta ocasión la afluencia de gente era considerablemente más alta, pero sin llegar a ser agobiante en ningún momento. Allí dimos los últimos coletazos de una jornada especialmente larga y agotadora. La última anécdota del día fue la chica que estaba junto a mi que, o quería ligar conmigo o deshacerse de su pacharán, porque no hacía más que mirarme, sonreírme y pasarme el vaso con la bebida. Demasiado cansado me encontraba como para profundizar más en sus intenciones, así que poco después estaba de camino a casa, para pasar mi última noche en Pamplona.
Y el Domingo no pasó gran cosa, casi toda la mañana la pasé en la cama, después desayunar, ducharme, comer, preparar la maleta, recoger un poco, despedida y de nuevo a la carretera. Al salir de Pamplona el cielo se nubló y cayeron algunas gotas de lluvia, terminando así un puente en el que el Sol no había dejado de verse y en el que las temperaturas no habían bajado de los veinticinco grados por el día.
Y esa es la historia del puente de Mayo, no se ajusta al cien por cien con lo ocurrido y hay muchos detalles omitidos (la mayoría de ellos involuntariamente), pero es una aproximación . El Domingo a la tarde estaba en casa, y ayer a la noche empecé a escribir esto, pero estaba tan cansado que lo dejé en el segundo párrafo. Hoy le he puesto un poco más de empeño y parece que algo he conseguido. Pero no da para más... aunque el resto sonaría muy repetitivo: estoy cansado, con sueño, duermo poco, etc... Ya me quejaré otro día por todo ello, y contaré alguna cosita más, como qué hacer con el dinero de hacienda que ya me han devuelto, o comentar alguna noticia musical. Pero eso será en otro momento, tal vez. Ahora debería revisar todo éste tostón y meterme en la cama. Creo que voy a pasar directamente al segundo punto. Hasta mañana.

El fin de semana que terminó ayer se me ha hecho especialmente largo. Empezó como viene siendo habitual en las últimas semanas: durmiendo. Y después de la extensa siesta, ducha, prepararse y a la calle. Y hacía bastante calor, más de lo esperado. Después de un largo paseo, y con el estomago intentando implosionarse sobre sí mismo, se hizo un alto en el camino para cenar. Y fue una cena bastante copiosa, todo hay que decirlo. Así que entre eso, el cansancio de la semana laboral y la perspectiva del día siguiente cerniéndose sobre nosotros, no pasó mucho rato hasta que emprendimos camino de regreso a casa.
Al día siguiente me levanté antes de lo que viene siendo lo normal en los fines de semana y descubrí que los sábados también tienes mañanas... cortas, pero las tienen (en realidad lo redescubrí, pero ya había olvidado como eran). Después de comer, la tarde fue bastante tranquila, enredando un poco por aquí, viendo alguna vieja película, escuchando algo de música... hasta que, con la noche aullando en las calles, llegó la hora de volver a marchar. Fue una escapada nocturna más amplia que la anterior, pero sólo un poco, horas antes de cerrar los bares ya estábamos batiéndonos en retirada.
Y llegamos al Domingo, sagrado retiro temporal, ancestral jornada de descanso. Y los Domingos también tienen mañanas, quien lo iba a decir... Así que me levanté a una hora medianamente prudencial, me duché, recogí un poco la casa, cogí una botella de Txakolí y emprendí una larga caminata hasta el punto de reunión para comer. Comida que también fue bastante abundante, y hubo que dejar lasaña en el plato, si hubiese estado Garfield con nosotros hubiese dado buena cuenta de los restos. La comida siguió con un poco de sorbete de limón, postre con abundancia de chocolate y sobremesa larga regada con cava.
Y después a casa, con el cuerpo castigado por el extenso fin de semana, en el que nos hemos dado cuenta que nos hacemos mayores, y los años nos arrastran hacía delante, a veces tirando de nosotros y otras veces tirando nosotros de ellos. Pero, ¡qué coño! ¡no lo llevamos tan mal!
Aunque hoy es Lunes y ya estoy bastante cansado, gran parte de la culpa la tiene la noche que he pasado, en la que no he dormido mucho y me he despertado incontables veces. Y todo por desenchufar el despertador. Ya estaba bastante cansado del constante zumbido que me torturaba todas las noches, así que el Viernes decidí desenchufarlo y pasar de él. He puesto el móvil como despertador, pero con la paranoia de que no lo voy a escuchar, me he estado despertando cada poco rato durante toda la noche. Con lo fácil que sería meterse en la cama y dormirse profundamente hasta la hora de levantarse...
Y ahora que llega de nuevo el momento de acostarse, veo con más irrealidad el episodio de la noche del Jueves, ¿Fue real? ¿Estaba dormido o despierto? Quizás en ninguno de esos estados... quien sabe...

Hace ahora un par de semanas comencé un curso de Java a las tardes. De lunes a Jueves, de seis y media a nueve. Lo que quiere decir que salgo de casa a las ocho de la mañana y vuelvo poco antes de las diez de la noche. Esto unido a noches donde el descanso brilla por su ausencia (y en las que últimamente se inyectan unos sueños un tanto nostálgicos y repetitivos, con unas cuentas estrellas invitadas que se solían mantener al margen de mis desvaríos oníricos, al menos en los últimos tiempos) hace que al llegar a casa a la noche las ganas de hacer algo mínimamente productivo se reduzcan a tímidos reproches mentales a los que no hago mucho caso. Menos mal que los viernes no hay clase, sino a la noche no me tendría en pie ni para tomar la primera copa o sucedáneo (vamos, que no aguantaba despierto ni un asalto). Por lo menos ahora puedo aprovechar las tardes de viernes para poner un poco de música y... dormir. Bueno, eso cuando no hay tardes lúdicas con los compañeros de trabajo, en esos casos no estaré muy despierto y sociable para la compañía de la noche, así que más vale esperarse al sábado, que estaré menos insomne y más activo.
En el trabajo son tiempos complicados. La semana pasada estuvimos de mudanza. Dejé la planta, y el edificio donde he pasado los últimos cuatro años. Es triste ver como esos años caben en tres cajas de cartón, donde se amontonan cuadernos, documentos, muñecos, regalos, tazas... Repasando todo ese material se recuerdan cientos de momentos pasados y, sobre todo, a aquellos que se fueron. El lunes sólo quedábamos unos pocos en la vieja planta, que nos albergaba sombría y en silencio, solamente roto por el sonido de los teléfonos que yacían en el suelo esperando ser desconectados definitivamente. El nuevo sitio no está mal, es más amplio y luminoso. Se ven arboles tras los ventanales. Quizás haya demasiado bullicio, y habrá que acostumbrarse a las nuevas compañías, pero es asumible. Más curioso son los servicios, que ya no son individuales como en el otro edificio, sino colectivos cual baño de bar, en los que sólo falta el vaso en la mano mientras se hace cola para entrar. Eso sí, es idóneo para curiosas situaciones, como conocer gente nueva mientras te lavas los dientes, hablar sobre código o bases de datos mientras achicas agua o discutir las incidencias mientras te lavas las manos (¡qué situación tan acertada!).
Dejando de un lado la mudanza, en el trabajo hay un ambiente bastante tenso, será por la Primavera (o por otras muchas cosas). Además de eso, son fechas bastante estresantes, mucho trabajo, informes, planificaciones, peleas. Menos mal que esto acabará en una semana, espero que llegue vivo. Entre el estrés del trabajo, el agotamiento del curso y las malas noches no sé si voy a aguantar tanto. Necesito unas vacaciones, estoy pensando en cogerme el puente del uno de Mayo (si me dejan), sino tendré que esperar hasta Junio para tener vacaciones, aunque aún no están decididas las fechas.
Mientras tanto me esperan unas cuantas semanas en las que no tendré apenas tiempo para mi, y el poco del que disponga se esfumará cediendo el control de mi cuerpo al agotamiento. Pero bueno, merecerá la pena, supongo.
Creo que tenía más cosas que decir pero, como es habitual, muchas ideas se han quedado por el camino, no sé si lo he preguntado alguna vez, pero ¿cuándo inventarán una máquina que transcriba directamente lo que piensa el cerebro sin necesidad de teclearlo o dictarlo?
Seis de Abril. Hablas de traiciones, de momentos perdidos, de despedidas fatales. Gritas por lejanas caricias, besos olvidados y sabores anhelados.
Seis de Abril, susurras al oído todo aquello que se esfumó tiempo atrás. nublas mis ojos, afloran las lágrimas, la rabia enloquece.
Seis de Abril, hoy has vuelto a amanecer, oscureciendo la memoria, amarrando en el corazón el lastre de los recuerdos.
Seis de Abril, sigues negándome sueños. Revolotea por la cabeza la sombra del pasado, afilando sus garras y graznando como el cuervo que anuncia la Oscuridad.
Seis de Abril, me encadenas, me amordazas, me torturas con la pérdida. Te burlas de la soledad y de fantasmales visiones de felicidad tiempo atrás dejada.
Seis de Abril, ves pasar mujeres pero ninguna borra el lamento. Vienen y van pero no consiguen entrar en el alquitranado corazón.
Seis de Abril, eres sólo una fecha, pero tienes la fuerza de un millar de golpes en el cetro del corazón.
Y aunque el Seis de Abril se esfuma, la estela del pasado danzará durante interminable tiempo.
Maldito Seis de Abril.
¡Qué gozada es viajar en metro! Esperar 25 minutos en el anden y subir a un metro que está a punto de rebosar, para ir notando, parada a parada como la gente se agolpa más y más, emulando a las sardinas en lata, pero sin aceite ni escabeche ni nada de nada. Eso sí, he tenido la relación más próxima y duradera con una fémina de los últimos tiempos. Aunque me ha costado medio viaje verla la cara, intuía que era mujer por las uñas pintadas y por los pechos apretados contra mi espalda. Pese a que el único intercambio verbal ha sido un "lo siento" seguido de una angelical sonrisa cuando me ha dado un codazo en las costillas, al finalizar el viaje he estado a punto de pedirla el número de teléfono, para ver si podíamos repetir otro día, aunque seguramente se quedaría en un "Ya te llamaré", como casi siempre.
El viaje de vuelta no ha sido tan erótico. Ha sido un viaje por los pelos, he llegado al anden treinta y siete segundos antes de que hiciese acto de presencia el último metro del día. Entre medias, catorce interminables horas encerrado en el trabajo, a las que podemos sumar las otras catorce horas del sábado. Menos mal que ayer "descanse" (alabado sea el día del Señor). Como consuelo quedan los cinco días adicionales de vacaciones que voy a disfrutar éste año gracias a las horas extras que he sufrido estos dos días.
¡Y todavía es Lunes! (bueno, Martes técnicamente). Necesito dormir y descansar, ¿no hay drogas para eso?. En fin, al menos mañana iré más tarde a trabajar.
Como era de esperar, el disco de Doctor Deseo no ha salido hoy. En su página web anuncian que saldrá el día dos de abril (el miércoles que viene). La razón del retraso parece ser que son "problemas con la censura", lo cual no acabo de entender mucho, en su web está la supuesta portada del álbum y lo cierto es que no hay mucho que censurar...
Los títulos de las canciones que se incluirán en el disco son los siguientes:
También comentan que han colaborado varios artistas en la grabación del disco, entre ellos Batiz, Robe y Aiora Renteria.
La gira de presentación arrancará éste mismo Viernes (antes de la salida del disco) en Durango, para continuar el Sábado 5 de abril en Biarritz, el viernes 11 en San Sebastian, el sábado 12 en Vitoria y el viernes 18 y sábado 19 en Bilbao.
Habrá que esperar una semana más para escuchar "Sexo, Ternura y Misterio", el décimo disco de estudio de Doctor Deseo.
Se supone que mañana, 25 de Marzo, debería salir el nuevo trabajo de Doctor Deseo. Y digo se supone, porque las últimas noticias que hay indican que "es posible que el disco sufra un leve retraso en su salida", o al menos es lo que reza en su página web.
En esa misma web lleva unos días colgado el primer single del disco de inminente salida. La canción se titula "Mi torpe Corazón", y desde la primera nota emana el aroma inconfundible de la música de la banda bilbaína. La letra y la peculiar voz y manera de cantar de Francis también siguen el mismo estilo que ha caracterizado al grupo durante tantos años.
Como ya dije en su momento, el disco se llamará "Sexo, Ternura y Misterio" y debería estar en las tiendas mañana, aunque seguramente se retrasará, unos días, unas semanas o quien sabe. Para abrir boca tenemos éste primer single La canción está bastante bien, aunque, como me pasa con muchas canciones de Doctor Deseo, me sabe a poco, bueno, más bien me parece que tiene poquita letra.
Aquí debajo dejo la letra de la canción transcrita de oídas, así que con posibles fallos potenciales.
Fin de Semana Santa. Mañana, otra vez a trabajar después seis días de descanso. En general ha sido una Semana Santa muy tranquila, exceptuando una pequeña escapada la semana pasada a invadir otra casa (aunque bastante más cerquita que Madrid y con una dueña más neurótica que en la anterior ocasión).
Si por algo ha destacado la escapada ha sido por el frío, que ha sido realmente molesto. Desde la tarde, tomando algo en una terraza, hasta la noche, yendo de bar en bar. Incluso salí con bufanda (más bien la sacaron por mi y la llevé yo durante toda la noche), pero en general no había llevado ropa de abrigo, no creía que hiciese tanto frío. Volvimos a casa tarde y con frío, así que fue una bendición meterse en la calentita cama.
Lo primero que pensé al despertar a la mañana siguiente fue que nunca recuerdo lo malas que son las resacas de vodka hasta que es demasiado tarde, lo segundo que pensé fue que qué demonios hacía en la cama con un oso de peluche casi más grande que yo (y que conste que yo no lo había puesto ahí). Después de levantarme fui a darme una necesaria ducha para aparentar ser persona. Odio los calentadores eléctricos, ¿no habíamos enterrado ya esa obsoleta forma de calentar (una pequeña cantidad de) agua?. Después de esperar media hora larga pude ducharme con un agua más bien templada. Y con un frío más que acentuado en el exterior. Tras la ducha y la consiguiente lucha por entrar un poco en calor tocó decidir dónde comer. Teniendo en cuenta que la noche anterior había sido larga y abundante en ciertas dosis de líquidos, imperó la decisión más lógica: quedarnos en casa. Mano a la nevera, sacar macarrones, recalentar, y problema alimenticio solucionado. Eso sí, hay que mencionar un insólito hecho: ¿Cómo es posible tener en una nevera latas de coca-cola que llevan más de cuatro años caducadas? Y lo peor es que no estaban malas (o eso dicen, que yo no lo probé).
Después de pasar media tarde vagueando y viendo el plan que había para esa noche y las pocas ganas de hacer nada que teníamos, decidimos batirnos en retirada hacía casa, que al menos se está más calentito, aunque sin compañía, que se le va a hacer. Así que despedida, coche, carretera y vuelta al hogar.
Y esa ha sido toda la acción que he tenido en estos días festivos, el resto del tiempo lo he pasado en casa, peleando con un incipiente constipado, viendo películas, contemplando el aguacero que caía tras las ventanas y sumido en otras tareas menos decorosas y más relevantes (que es lo mismo que no decir nada y mantener un cierto aire enigmático).
Y siguiendo el hilo de mis primeras frases: mañana de nuevo a trabajar. El mes de Abril va a ser bastante duro, me voy a cabrear mucho y me voy a indignar más aún. Pero, ¿quien quiere un trabajo sencillo, sin preocupaciones y sin responsabilidades? En fin, al menos sólo queda una semana para cobrar (¿será con objetivos? ¿o eso será el mes siguiente?).
Me he dado cuenta que tengo demasiadas cosas en la cabeza como para poder pensar con coherencia en todas ellas, creo que necesito un dualcore (o mejor quadore), para abarcarlas con la profundidad necesaria, sino creo que nunca llegaré a tratarlas de la manera que se merecen y acabaré volviéndome loco y ansiando huir a algún sitio (¿Cuánto necesitaría para huir muy lejos de aquí y dedicarme a hacer cualquier cosa que me de lo justo para poder vivir?).
En fin éste año va a ser... ¿decisivo? Me acabo de acordar que en un par de semanas empiezo un curso de Java. Así que ha pasarse otros tres meses saliendo de casa a las ocho de la mañana y volviendo a las diez. El curso es bastante cortito, pero bueno, algo es algo. Yo quería uno de unas 300 horas, pero ese lo veo complicado a no ser que me echen del trabajo, y parece que eso no va a pasar (y no será porque no me quejo por todo).
Creo que no tiene que ser nada bueno meterse la paliza que me he metido yo éste fin de semana. El Viernes me levanté a la hora habitual y salí de casa a eso de las siete y media de la mañana. Después de trabajar, comer y pasar una amena tarde, me tiré algo más de cuatro horas en la carretera. Hasta llegar a Madrid a eso de las dos y pico de la mañana. Allí me tomé un par de cacharros y a la cama, para levantarme unas seis horas después.
El sábado, después de levantarnos, desayunar y ducharnos, salimos a la calle (donde hacía un incomprensible y bochornoso calor). Una vez en la calle tocó ruta con una apañada guía turística. Improvisando un poco acabamos en los sitios típicos: la Moncloa, la Puerta del Sol, la Plaza España, la Plaza de Oriente, la Plaza mayor (que es algo así como la Plaza Nueva de Bilbao, pero algo más grande, al salir pensaba ver al Arriaga y la Ría). En fin lo más típico y socorrido de Madrid. La verdad es que esa zona de la ciudad no está nada mal, alejado del estilo urbanita y caótico que se respira en casi toda la capital.
Lo siguiente para ver era la parte vieja: La Latina. Pese a que estábamos a tiro de piedra de allí, fuimos en metro para evitar acabar en Dios-sabe-donde (e hicimos bien, sabiendo como es la orientación de la guía, era la opción más sensata). El Metro de Madrid es algo así como un caos total que quien lleva un tiempo pululando por él le encuentra cierta coherencia y armonía. Pero no lo tiene. Pasillos infinitos, techos bajos, andenes claustrofóbicos, vagones minúsculos, cientos de indicaciones y líneas... Se pasa más tiempo andando entre los pasillos de las estaciones que en el trayecto en sí del metro. Y hay diferencias abismales, no sólo entre estaciones, sino entre los andenes de diferentes líneas dentro de la misma estación. Pero bueno, después de un par de días de viajes en metro, casi me he acostumbrado a los múltiples transbordos y las caminatas por las estaciones, subiendo y bajando escaleras.
Una vez que llegamos a la Latina, nuestra siguiente prioridad era comer algo. Y resultó ser una empresa algo complicada, Vayas donde vayas, en Madrid siempre hay muchísima gente. Sea la zona que sea, sea la hora que sea. El caso es que tras recorrer varias veces las mismas calles buscando algún sitio con una mesa libre para comer, decidimos esperar en un bar tomando algo mientras se libraba alguna mesa. Menos mal que no cerraban la cocina. Empezamos a comer cerca de las cuatro de la tarde, eso sí, el sitio resultó estar bastante bien, con unas raciones bastante majas.
Después de comer, y viendo el buen tiempo que hacía, fuimos en Metro hasta El Retiro, donde estuvimos dando una vuelta y tomando algo. Cuando empezaba a oscurecer llegamos a la Puerta de Alcalá y a la guía se le ocurrió la feliz idea de recorrer todo el paseo de la Castellana andando. El resultado fue hora y media de caminata hasta llegar a las Torres Kio. Una vez allí, agotados y con la noche encima, decidimos ir a casa a cenar. El camino de vuelto lo hicimos en metro, por supuesto. Un par de transbordos y en veinte minutos estábamos en casa. Salimos a por algo de cenar y a tomar algo. Después de cenar tomamos un par de copas en casa mientras veíamos (aunque me pese reconocerlo) el final de la gala de Mis España. Un espectáculo bastante triste, la verdad, aunque siempre es interesante verlo con un par de mujeres que no paran de criticar a las mises.
A eso de las dos y pico de la mañana salimos a conocer un poco el ambiente nocturno de la ciudad. Primero me llevaron a la zona de Huertas (que no tengo ni idea de donde está, pero hay un montón de bares y un gentío considerable) y, después de tomar un par de tragos, fuimos a un antro donde me salté dos de mis tres principios a la hora de entrar en un bar o similar: No hacer cola y no pagar. La cola era considerable y la entrada no era precisamente barata, pero al menos no tenían música chunta. Algo es algo. Allí estuvimos el resto de la noche. Al salir metro y a casa para dormir unas cuatro o cinco horas, levantarse, ducharse, comer, hacer la maleta y de nuevo a la carretera. Y a eso de las diez y pico de la noche estaba otra vez en mi casa.
Bueno, eso ha sido a grandes rasgos, estoy demasiado cansado como para acordarme de mucho más. Como decía al empezar: no tiene que ser bueno meterse estas palizas. Me duelen las piernas de tanto andar y estoy agotado de tanto movimiento y de no dormir. Ahora volveré a dormir en mi cama, toda para mi, sin compartirla con nadie.
Esta semana va a ser muy dura, no sé cómo voy a conseguir recuperarme. Estoy mayor para esto.
Hace un mes comentaba que el nuevo disco de Doctor Deseo se llamaría "Sexo, Ternura y Misterio". Hace un par de días se dio a conocer la fecha oficial de lanzamiento del álbum, si no hay cambios será el próximo 25 de Marzo, es decir, dentro de un mes.
Además la web del grupo ha sido rediseñada, aunque tengo que confesar que me parece bastante fea y poco usable.
También están disponibles las fechas de los primeros conciertos de la gira de lanzamiento del disco. Habrá que pensar si ir a alguno...
Qué rápidos pasan los días. Sobre todo cuando te levantas a las siete y pico, sales de casa a las ocho y vuelves a las nueve pasadas. Que bien se vive sin responsabilidades. Mañana tengo que dar un curso a Soporte (Sí, todavía no sé que pinto yo dándoles un curso sobre un producto a ellos), aun no lo he preparado del todo, por lo que tampoco sé que voy a decir. Sólo sé que serán unas veinte personas y dos horas. Mañana a primera hora ya puedo darme prisa en terminarlo y en releérmelo. Será un desastre, pero que leches, no es mi trabajo preparar cursos técnicos!
Y encima todavía no he tenido revisión de sueldo. Quiero cobrar más! El seguro médico privado apenas lo voy a usar... (eso sí con cobertura total-megaguay)
En fin, quiero que pase ya esta semana, dejar atrás el curso de mañana, que pasen las peleas con Personal (aunque esas durarán más tiempo), y poder ponerme a t rabajar en serio con mi producto! (hablando en el mundo laboral, claro).
Contaría más cosas, pero... no me apetece. Bueno, sí, ya me he terminado un par de libros pero no he tenido tiempo ni ganas de hablar de ellos. A ver si empiezo alguno nuevo.
Y nada más, me repatea la sensación de no haber hecho nada en todo el día y me reconcome la idea de que no me va a dar tiempo mañana a preparar el curso, además seguro que se me olvida algo que tenía que preparar. Por no hablar de que no sé qué tal se me dará impartirlo...
Ale, otro día más y peor (se nota que ando estresado).
Esta tarde he visto en CINeol que la semana que viene se lanza un Montaje Final de Blade Runner en un estuche metálico con cinco discos que contiene cuatro versiones de la película y jugosos extras. Poco se puede decir de una obra de culto como Blade Runner, a muchos les parece aburrida e incomprensible, pero un gran número de fanáticos ven en ella una obra de arte (me incluyo en éste último grupo). La mayoría de películas de ciencia-ficción actuales serían inconcebibles si no hubiese existido Blade Runner, y no sólo es ciencia-ficción, va mucho más allá, adentrándose en cuestiones más metafísicas y reflexionando sobre la vida y la creación.
Probablemente sea la mejor película de Ridley Scott (con permiso de Alien), basada en un relato del recurrido Philip K. Dick y con una impresionante banda sonora de Vangelis. Las interpretaciones no se quedan atrás: Harrison Ford cumple con su papel de cazador y la polémica Sean Young tiene un buen papel, pero sin duda la mejor interpretación se la lleva Rutger Hauer, en la piel del replicante que quiere alargar una vida que tiene fecha de caducidad.
Toda la película, desde la escena inicial del ojo parpadeando y el futurista cielo de Los Angeles plagado de chimeneas que escupen fuego, hasta la escena culminante en la azotea bajo una intensa lluvia, es una manifestación de arte cinéfilo plagado de ocultas reflexiones. Con frases que se quedan grabadas en la mente como "La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo, y tú has brillado con muchísima intensidad" o "Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo".
El cofre, que se pone a la venta el día doce de éste mes contiene lo siguiente (copiado de CINeol):
Disco 1. Montaje final (2007)
Visualmente espectacular, llena de acción, visionaria y precursora desde su estreno, Blade Runner vuelve en su montaje final y definitivo de Ridley Scott, incluyendo escenas extendidas y efectos especiales nunca vistos.
Disco 2. Días peligrosos. Crando Blade Runner
Documental definitivo con Escenas suprimidas y Novedosas entrevistas, Un vistazo a la difícil creación de la película y su polémico legado.
Disco 3. Tres versiones de archivos completas
El Montaje Original de 1982 ,el Montaje Original Internacional 1982 y el Montaje del Director de 1992, Todas Disponibles en un sólo Disco con Presentación de Ridley Scott en Cada una de Ellas; Todas las Versiones Remasterizadas de los Elementos Originales con Imagen y Audio Mejorados.
Disco 4. Archivos mejorados
Todo un Mosaico Audiovisual de Más de una Docena de Fragmentos, Información Cronológica de la Producción, Más Puntos de Vista de Syd Mead, Jordan Cronenweth e Información Sobre la Mejora y los Metrajes Adicionales.
Disco 5. The Work print nunca visto antes
Más el Metraje Todos Nuestros Futuros Cambiantes.
En DVDGO lo tienen por 42,75 euros. ¿Alguien me lo regala? Le estaría eternamente agradecido.
Por supuesto, no se puede hablar de Blade Runner sin acabar citando la frase por antonomasia:
Pocas veces somos conscientes de verdad de la fragilidad en la que vivimos. La burbuja de cristal en la que no hayamos protegidos puede quebrarse en cualquier momento. Y sólo queda el recuerdo. Tantas cosas por hacer, palabras por decir. Y sólo queda la pena. Dejamos que la impasibilidad dicte nuestras vidas, que pasen los días sin atrevernos a vivir, postergando lo que anhelamos y lo que esperamos de la vida, creyendo que tenemos tiempo. Que siempre tenemos tiempo. Pero ese tiempo avanza, cada vez más deprisa y no podemos luchar contra él, ni detener su acelerado ritmo. Tarde o temprano se parará el reloj. Quizás tengamos un instante para pensar en todo lo que debimos hacer y no hicimos, en lo que debimos expresar y no expresamos, en aquella persona a la que debimos amar, pero... Ya no habrá nada que hacer, no tendremos oportunidad de enmendar todo aquello que dejamos en el aire. Pero, pocas veces somos conscientes de verdad de la fragilidad en la que vivimos. No nos damos cuenta de lo rápido que puede cambiar todo. De lo rápido que se pueden quebrar los sueños y las ilusiones. Todo lo que damos por hecho, todo lo que tenemos (o creemos tener), todo lo que no tenemos pero creemos que conseguiremos, todo es efímero. Si no nos ponemos las pilas hoy, puede que mañana sea demasiado tarde. Si nos mantenemos impasibles sin tener el valor para dar el paso, corremos el riesgo de que nos venza el tiempo. Llegará el día en el que seremos derrotados. Perderemos la partida, no estamos destinados a ganarla, ni siquiera a que sea un juego justo. Mas no debemos abandonar el juego, siempre podremos batallar e intentar aprovechar al máximo el tiempo que dure la partida. Porque al final, inevitablemente, se acabará. Y el final es tan inesperado como inoportuno. Solamente siendo conscientes de la fragilidad de nuestra existencia seremos capaces de perseguir los sueños y domar a la apatía mientras seguimos inmersos en éste gran juego.
Aún me queda partida por jugar.

Comienzo de semana. Típico y normal. A saber: somnoliento, cansado, aburrido y sin ganas de trabajar. Aunque a eso hay que sumarle algún que otro factor extra, para darle a éste Lunes un toque especial y único.
Pero antes recapitulemos el fin de semana. Viernes fuera de casa, el resto en casa. Ya está. Vale, un poco más extensamente: Viernes fuera de casa desde las siete de la mañana hasta las tres de la madrugada del sábado, agotamiento. Eso sí, con un juguetito nuevo, que ya analizaré cuando pueda. Y el resto del fin de semana de relax (por no decir de vagueo).
Una pausa. El otro día, puede que ya haya pasado una semana y todo, terminé el libro que estaba leyendo, cuando tenga un rato escribiré tres líneas (cuatro a lo sumo) sobre él.
Hoy Lunes. He llegado pronto al trabajo, algo inusual en los últimos tiempos. Ha habido cambios, no me afectan especialmente (o al menos todavía no sé en qué grado me afectan). Eso sí, ya hay un puesto menos entre el Director del Departamento y yo, ¡qué tiemble! sólo quedan dos personas por medio.
También ha habido alguna otra cosilla, alguna nimiedad sobre las fechas en las que podemos coger las vacaciones. Algo de lo que pretendía dar mi más sincera opinión, hasta que me han dicho que soy agresivo. Sí, yo, agresivo. Casi lo tengo que buscar en la RAE y todo. Parece que rezumo agresividad por todos los poros, ¿será por los ojos inyectados en sangre y la espuma saliendo por la boca? Al menos ha servido para perder el tiemp... para enzarzarnos en un divertido y lúdico debate, aunque creyendo ambas partes que tenemos razón tampoco se puede llegar a buen puerto (pero tengo razón yo, algún día reabriré aquí ese debate).
En fin, habrá que ir a la cama, que si no duermo soy agresivo.