Sábado 4 de Septiembre del 2010, Same Shit, Everydays!
Cuando el agua alcanza los cien grados centígrados se evapora. Vemos como se desvanece y desaparece. Pero no del todo. Notamos que está ahí, queda la estela de vapor. En realidad sigue estando, pero es un fantasma. Eso pasa también con el tiempo, con los años. El año ahora acaba, pero aún lo notaremos, será como el agua al evaporarse, creeremos que se ha ido, sin embargo nos acechará como un espectro. Al menos durante un tiempo, el suficiente para darnos cuenta que hemos echado a andar por el año dos mil cinco, y que han quedado atrás muchas cosas, algunas imposibles de recuperar.
Cada vez que se cierra una etapa es momento de mirar atrás, de intentar adivinar si esa etapa ha dejado tras de sí un cielo despejado o, si por el contrario, la borrasca no ha pasado todavía. Seguramente mañana , al otro, al otro y al otro, seguirá siendo todo igual que ahora. No habrá ningún cambio radical (excepto tal vez si el día de Reyes nos toque la lotería, pero eso es algo altamente improbable), no obstante cuando el año llega a su fin muchos paramos el tren de nuestra vida y por un momento nos bajamos. Miramos hacía atrás, hacía el camino recorrido ya, vemos las nubes que trajeron la tormenta en nuestras vidas o en nuestros corazones. Luego miramos hacía delante y esperamos ver el cielo azul como el mar en calma. Y en ese preciso momento, en ese punto muerto donde vemos lo que ha pasado y lo que está (o puede estar) por pasar es cuando hacemos Balance.
No sé si lo habré comentado alguna vez, pero tengo una memoria un tanto rara. Puedo acodarme a con todo detalle de un día de abril de hace cuatro años, pero soy incapaz de acordarme de las cosas que han pasado en éste año. No es que no sean importantes, simplemente que el archivador de mi mente no funciona como a mi me gustaría, el encargado de traer los recuerdos desde al almacén de mi cabeza hasta la parte activa del cerebro no hace bien su trabajo. Me he acostumbrado a ir apuntando las cosas que tengo por hacer, o cualquier cosa que se me pase por la mente. He ideado mi peculiar modelo de agenda, que consiste en notas en un pequeño cuaderno (tengo uno en el trabajo y otro en casa, evidentemente junto al ordenador en ambos casos), también en archivos de texto en los ordenadores, es como un complicado puzzle donde si juntamos todas las piezas podemos llegar a sacar algo en claro, algo con sentido.
Pero me estoy desviando, luego ya hablaré del trabajo, o de mis notas, mis borradores (esos que tan celosamente guardo y que no dejo ver a nadie) pero ahora estaba hablando del balance del año que termina.
Como decía, mi memoria no es una maravilla precisamente, necesitaría tiempo, concentración y un lapiz junto con un papel para llegar a acordarme de, al menos, una parte de las cosas importantes de éste año. Sin embargo sí puedo ver el año en su conjunto, globalmente.
Dentro de unas pocas horas (menos de cuatro) estaremos en un nuevo año. Mi vida habrá dado un giro de casi ciento ochenta grados con respecto al mismo día del año anterior. Y habrá sido para mejor.
Hay dos cosas que tengo que reprochar al año que ya está preparado para huir. Para huir pero quedarse agazapado en algún rincón mirándonos con la sonrisa torcida. Dos cosas. El tiempo y yo. No me refiero al clima, no eso no, no tiene sentido quejarse del clima que haya. Lo que me fastidia es que los meses han pasado como un suspiro, y sólo han dejado un pequeño eco de lo que han sido, como la reverberación de una nota suave pero intensa salida de una guitarra. ¿Dónde está ese tiempo puesto a doble velocidad en todos aquellos momentos de dolor en los que sientes que si no pasa todo ya vas a reventar? Por supuesto en estas situaciones el tiempo echa el freno de mano, "Pueden desabrocharse los cinturones y disfrutar del paisaje".
Durante gran parte de éste año he tenido la sensación de que las semanas se agolpaban unas con otras, parecía que tenían prisa por pasar, como si estuviesen en medio de una carrera de relevos.
Pero esto es algo inevitable, o si se puede evitar no conozco la formula. La segunda cosa que no me ha gustado del dos mil cuatro ha (o he) sido yo.
No me considero una mala persona. Tampoco soy un santo, eso es un hecho claro e innegable. Pero no soy malo. Aún así creo que hay más rasgos de mi personalidad que me disgustan que aquellos que me agradan. Sé que hay gente que no opina así, pero pienso que mi balance es negativo.
Y lo peor de todo es mi escasa, o nula, fuerza de voluntad. Eso es lo que más odio de mi. Tengo la cabeza (y el ordenador) llena de ideas, proyectos, pero soy incapaz de avanzar hacía ellos y cuando lo hago sólo consigo dar un par de pasos para volver a estancarme. Quizás la palabra que más me digo a mi mismo, y que se está convirtiendo en mi perdición, es "Mañana". ¿Cuando me pondré con las cosas pendientes? Mañana ¿Cuando voy a mandar éste mail que tengo por responder? Mañana ¿Cuando voy a plasmar en el procesador de textos estas ideas que tengo aquí anotadas? Mañana. Mañana. Mañana, o tal vez nunca....
Hablabamos del balance del año. Y mi año ha dejado más cosas positivas que negativas, eso no lo niego, pero ha distado bastante de como me hubiese gustado. Mucho tengo que cambiar, y cada día que pasa ese cambio se hace más difícil, y los propositos, los sueños que antes rozaba con la mano, ahora veo como se alejan, como en un barco que zarpa del puerto en medio de una densa niebla, los sigo viendo, pero poco a poco se van alejando y envolviéndose en la niebla. Siento que si no hago pronto algo desaparecerán sin remedio y nunca más podré alcanzarlos.
Ahora tengo claros cuales son mis propositos para el nuevo año, se podría resumir en cinco palabras, una sencilla frase: "No perder más el tiempo". Y bajo estas palabras se desglosarían todas las cosas que me gustaría hacer y que mi falta de fuerza de voluntad me impide. Y creo que no es por falta de capacidad de organización, es más, en el trabajo creo que me desenvuelvo bastante bien, aunque necesite anotar todo en mi cuaderno o en hojas sueltas o en post-its que voy pegando por los monitores o en comentarios en los correos electrónicos. Con todo esto estoy satisfecho de como me organizo y ésta semana he sentido lo que es un principio de estrés laboral (aunque no ha sido mucho), no parar en todo el día, tener un montón de cosas en la cabeza y tenerlas que hacer casi al mismo tiempo, planificaciones, reportes... Creo que no lo hecho mal del todo.
Propositos. No perder el tiempo. Planificar mi vida. Priorizar. Aprender. Vivir.
Vaya, creo que debería vestirme ya. Es tarde. Me gusta escribir, si estoy inspirado o tengo algo que decir puedo pasarme horas y horas escribiendo. De pequeño (unos doce o trece años) empecé una historia. Normalmente la escribía por las noches, sólo en la habitación, con música puesta. Podía estar horas seguidas escribiendo sin apenas inmutarme y me metía de lleno en la historia. Claro que eran otros tiempos, seguramente escribiría peor que ahora (aunque supongo que no mucho, ahora no es que mi calidad literaria sea más elevada que la de cualquier persona que sepa leer), pero escribía más, puede que tuviese más imaginación y más ilusión. Bueno, más ilusión no, pero empezaba a escribir, joder, me sentaba delante del ordenador sin otro propsito que el de escribir. Ni Internet, ni correo, ni películas que me distraigan, sólo el procesador de textos y yo. Y la música, que era mi musa particular.
Me vuelvo a desviar. Esto venía a que hay veces que pierdo la noción del tiempo cuando estoy escribiendo (al igual que me pasa, y en mayor medida, cuando estoy leyendo). Y ya es tarde. Según estaba escribiendo me venían a la mente cientos de cosas por decir (y muchas se me olvidan, ejemplo perfecto de lo imperfecta que es mi memoria, necesito ir anotando lo que me viene a la mente, sino en el momento en el que pretenda utilizarlo ya se me habrá olvidado), ahora me doy cuenta que muchas de esas cosas las deberé dejar en el tintero, para otra ocasión. Tal vez Mañana (¡ja!).
Podría haber hablado de Nochebuena y Navidad, de los regalos (levantarme a las ocho de la mañana para envolverlos e ir intentando no hacer ruido a dejarlos al sofá del salón junto al resto), o de algo que me han regalado bastante intimo, pero que merece la pena ver, si puedo pondré una foto por aquí (foto, nota mental: Cámara de fotos. Tengo que ver si está la batería cargada y si hay sitio en la tarjeta de memoria para llevarla esta noche). También podría haber hablado de la tragedia de Asia, aunque en éste tema seguramente me faltaría mucho espacio (y quizás ganas de hablar de una desgracia así) además de la inevitable ausencia de tiempo.
Es hora de ir a cenar. Éste ha sido mi balance y mis nuevos propositos (como siempre, dando rodeos y sin ser directo ni claro, pero en algunos temas soy reservado, algunos ya lo sabeís).
¿vosotros teneís claro como ha sido éste año? ¿y sabeís qué hacer para mejorar en el siguiente? Espero que sí, y que os vaya mejor que a mi. Yo espero no olvidar lo importante: Ser Feliz. Aunque para ello tenga que despertar, y hacerlo ya. No voy a permitir que el barco zarpe sin mi y, ¡qué coño!, no quiero dejar que todo lo que quiero hacer, todo lo que sé que puedo ofrecer quede estancado en arenas movedizas y se hunda mientras me limito a contemplarlo, si me tengo que revolcar en el barro para aferrarme a mi sueños lo haré.
Y esto es todo hasta el año que viene.
"Ahora que el año se acaba
y otro poco de nosotros se nos escapa
es momento de renovar
las promesas no cumplidas"
Como decía el acelerado conejo de Alicia en el país de las maravillas: "¡Ya se me hizo tarde! Me voy, me voy, me voy"
Siempre con la sensación de que se hace tarde, el tiempo arrasa imparable con todo lo que se encuentra a su paso. Estar aquí teniendo que estar en otro sitio. Hacer esto debiendo hacer otra cosa. Intentar convencerse uno mismo de que no está perdiendo el tiempo, mientras con una mano mental barre todo aquello que tendría que hacer, aquello que de verdad es importante (o lo fue una vez). Todo se reduce al tiempo. No hay suficiente. El día es inevitablemente corto. Levantate con las primeras luces de la mañana, preparate y sal a la calle, fría y solitaria en esta época del año. Diez horas después (cuanto menos) sales del trabajo. Luego, quizás, puedes dar una vuelta. Y de regreso a casa donde esperan impasibles cien cosas por hacer.
Y he vuelto a sumergirme en la lectura. De un tiempo a esta parte apenas leía, algún libro de vez en cuando, pero poca cosa. La mayoría de mi lectura eran manuales, libros técnicos (muchos en inglés), revistas de informática o cine, el periódico y poca cosa más. Siempre me ha encantado leer, desde bastante pequeño (iba a decir joven, pero sigo siendo joven), antaño leía sin parar, no había acabado de leer la palabra "Fin" de un libro cuando ya estaba cogiendo el siguiente. Primero fueron tebeos, la mayoría de Mortadelo y Filemón, luego colecciones de "Barco de Vapor" (de esas que estaban catalogadas por colores según la edad), después mi madre me compraba mini-colecciones de algún personaje en particular (ahora recuerdo a un tal Paul Pepper), alguna novela de un tal "Edgar Alan Poe" (no tenía ni idea de quien era ese tipo por aquel entonces), y cosas por el estilo. Recuerdo un libro que me atrapó de una manera especial hace ya muchos interminables años, se titulaba "El juego del escondite" y era realmente apasionante. No sé exactamente que edad tendría, pero sí sé que leía libros muy "adultos" para los años que llevaba sobre mi. Atrás habían quedado las aventuras del Pirata Garrapata, de Doble-P o de una niña llamada Silvia que tenía ciertos problemas con una máquina conocida como "la máquina Qué" (o algo parecido si mi memoria no me falla). El caso es que había apartado todos aquellos infantiles libros (que por otra parte me proporcionaron horas y horas de buena diversión). Mientras me iba sumergiendo poco a poco en la lectura de novelas "de mayores" descubrí en una balda de la habitación de mi hermano mayor una colección de libros de Julio Verne. Estaban todos sin desembalar, con su plastiquito puesto. En vez de preguntarle a mis padres por ésta colección cogí uno y me puse a leerlo. Y así acabé con unos cuantos (ocho o nueve tal vez). Con unos doce años leí dos libros que cambiarían mi vida como lector. Dos libros que me sobrecogieron de verdad, ya conocía la sensación de no poder despegarse de un libro, pero ahora era más intensa. Y más agobiante. Estos libros eran "Cementerio de animales" y "El Umbral de la noche". La primera una novela, la segunda una recopilación de historias cortas. Ambos libros los había escrito un señor llamado Stephen King.
Mucho ha llovido desde entonces. Durante unos cuantos años leía todo lo que podía y cuando podía. Noches enteras en vela con un libro en las manos, cambiando de postura cientos de veces. A menudo me veía como el niño de "La historia Interminable", tapado con una manta, mientras el frío y la lluvia golpeaban en la calle. Libros enteros leídos en un sólo día. Devoraba sin parar, sobre todo novelas de Stephen King (unas cuarenta llevo a mis espaldas), pero no fue el único, Michael Crichton, Isaac Asimov (genial la saga de "Fundación"), Thomas Harris, y un largo etcétera.
Sin embargo las cosas cambiaron. Empecé a no tener tiempo para leer. En realidad no tenía (tengo) tiempo para nada. Hay tantas cosas en mente, tanto por hacer, que al final se queda todo en el aire. Creo que ese es mi gran problema.
El caso es que hace aproximadamente diez días comencé una novela, "La Torre Oscura V: Los Lobos del Calla", de King. Como su nombre indica es la quinta entrega de una serie de libros (que serán siete en total). Intentar definir, aunque sólo sea un poco, el argumento de ésta saga es tarea prácticamente imposible. Es una mezcla de westen, con terror, algo de ciencia-ficción y aventuras. Bastante entretenido (aunque en éste temas no puedo ser imparcial). El libro me atrapó desde la primera página, quizás por ser del autor que más he leído, o por llevarlo esperando un par de años. He vuelto a los años en los que leía constantemente: en el tren, en la cama, un rato después de comer, a media tarde... Ayer, casi ochocientas hojas más adelante de donde lo comencé, se terminó. Y me quedé con la sensación, la necesidad, de tener más, así que cogí otro libro y me puse con él. Hoy estoy casi en la página cien de éste nuevo libro.
Pero no sólo he estado sumergido en el placer de la lectura de novelas. No. También tengo otros libros que leer. Al menos dos de ellos serán especialmente duros. Otro, si Dios quiere, no me dará demasiados problemas. Pero toca concentrarse en ellos, al menos hasta Febrero.
Además he ido avanzando con unas cosillas que tengo a medio hacer (bueno, muchas de ellas todavía no se puede decir que hayan llegado a la mitad). Y por si fuera poco, también se me ocurrió instalarme el "Half Life 2".... quizás algún día cuente mi historia con los videojuegos, cómo adoro (y sobre todo añoro) las grandes aventuras gráficas que tantas horas de diversión me dieron tiempo atrás, cómo pasé horas y horas delante del ordenador resolviendo acertijos o pasando miedo.... tal vez algún día, pero no hoy. Sólo diré que el juego antes mencionado es uno de los mejores de su estilo al que he tenido el placer de jugar (aunque supongo que eso tampoco es decir mucho, en los últimos años apenas he jugado a nada).
Esta semana me han dado la cesta de Navidad, no esta mal y pesaba como un muerto. Aunque con lo raro que soy yo para comer, la mitad de lo que hay ni lo probaré, pero bueno, ahí está para quien lo quiera comer (y alguien ya ha empezado con ello). También he comprado lotería de Navidad. Por una extraña coincidencia, todos los números que tengo empiezan por cuatro, y algunos son de Bilbao, otros de Valencia, Santander...
Las calles ya están llenas de luces Navideñas, El Corte Inglés nos dice que ya estamos en Navidad (no nos engañemos, son ellos los que marcan el comienzo de ésta época), así que para meternos de lleno en el espíritu navideño el otro día puse villancicos en el trabajo. Creo que están a punto de quitarme los altavoces, entre la música que suelo poner y esto (que por otra parte no fue idea mia), están ya un poco hartos, pero que se le va a hacer, yo siempre digo que admito peticiones, eso sí me reservo el derecho de negarme a cierto tipo de música.
En fin, pese a las fechas en las que estamos no tengo vacaciones ni días libres, tengo que esperar hasta la primera semana de febrero para que llegue mi semanita de descanso (aunque preveo que de descanso tendrá muy poco)
"Un libro abierto es un cerebro que habla;
cerrado un amigo que espera;
olvidado, un alma que perdona;
destruido un corazón que llora"
Proverbio hindú