Miércoles 8 de Septiembre del 2010, Same Shit, Everydays!
Ya termina el año. Los meses han pasado a una velocidad vertiginosa, siento que se me han escapado entre los dedos mientras yo me he dedicado a mirar impasible como se desvanecen.
Como todos los años, se supone que en estas fechas hay que hacer Balance del año que termina y propósitos para el que empieza... No sé si me siento con fuerzas para hacerlo. Lo que está claro es que el balance ha sido negativo. Ha habido (y hay) demasiada inestabilidad emocional, algunas veces camuflada, otras veces a la vista.
Propósitos para el nuevo año. ¿Cuales pueden ser? Tantas cosas pueden mejorar... y al mismo tiempo pocas hay que tengan una importancia trascendental, y es que al final sólo quedan las cosas que tocan el corazón, que son capaces de hacer que los sentimientos broten y que la felicidad entreabra sus puertas para que podamos entrar. Tengo que organizar mi vida y decidir de una vez que rumbo quiero que tome, ya he pasado demasiado tiempo con una venda en los ojos dejando que el azar y las tempestades me guíen. Es momento de tomar los mandos, y para ello se necesita decisión, y una meta que alcanzar, una dirección que seguir. Y, por supuesto, tengo que cambiar muchas cosas de mí, de mi inseguridad, de mis miedos, de mi vagueza, de mi corazón.
Últimamente estoy muy parco en palabras, tal vez esté cansado de decir las mismas cosas siempre, y de no hacer nada para que cambien. Podemos dejar eso para un propósito más para éste nuevo año.
No sé si hacer una lista con todo lo que quiero que cambie, sería demasiado extensa y sólo serviría para torturarme cada vez que la lea y compruebe que no estoy cumpliendo nada de lo que hay en ella.
Pero bueno, como son tiempos de promesas (se vayan a cumplir o no), intentaré alcanzar todos esos propósitos encargados de encauzar mi vida, mi corazón (amargo corazón) y mis ilusiones.
Sólo será un día más, pasar una página del calendario, pero espero que, figuradamente, también yo pase una página, una página llena de momentos de tristeza, y de otros algo más agradables. De lágrimas, esperanzas rotas, nostalgia, sentimentalismo. De vagos momentos de fugaz felicidad enfrascada en antiguas palpitaciones de un corazón que se niega a avanzar. Todo eso quedará en la página anterior de mi vida, y estaré ante una nueva página, en blanco, dispuesta a ser escrita por la pluma encargada de inventar el camino que tengo que recorrer. Y esta vez quiero tener el control sobre esa pluma.
Tantas cosas han quedado atrás. Ya ha pasado una eternidad desde la última vez que me sentí bien de verdad. Y aunque hay gente nueva en mi vida (y creo que esas personas ya saben lo que las aprecio y lo agradecido que estoy por ayudarme a superar muchos momentos malos), y también quedan algunas reminiscencias del pasado (pasado perdido, doloroso pero nunca olvidado), no he conseguido volver a ser feliz de verdad.
Nuevo año, ¿nueva vida? El tiempo lo dirá, como siempre. Sólo espero no tener que resignarme a que no se cumplan ninguno de mis sueños. Como un poeta dijo una vez "No volveré a ser joven", y los sueños no esperan, las ilusiones se queman y el corazón se marchita hasta que se queda insensible y dejan de importar las cosas realmente importantes. Y ya soy demasiado amargo.
Ya es el último día del año. El fin de año está siendo un tanto atípico, sobre todo anímicamente. Y cada vez me torturo más con cosas en las que debería cambiar, pero no lo hago.
Ayer hubo cena, con regalos de "Amigo Invisible" incluidos. La cena no estuvo mal, buena comida, mucho Txakolí, risas... hacía tiempo que no nos juntábamos todos (y no somos muchos precisamente). Luego vinieron las copas en los bares. En general había poquita gente en todos sitios, se estarán reservando para hoy, que estarán todos los bares a rebosar de gente y será agobiante, pero hay una casi obsesiva necesidad de salir esta noche, así que habrá que salir un rato... Además queda la posibilidad de encontrarse con alguna persona (aunque luego sólo sea capaz de decir cuatro frases sin mucho sentido...).
Anoche me dio por vestir un poco elegante y estrené una chaqueta que me compré hace un par de semanas (además iba con pantalones y botas también nuevas, y una camisa). Hoy puede ser peligroso llevar algo así, si ayer la chaqueta ya bebió alcohol de alguno que agitaba demasiado la mano teniendo un vaso en ella, hoy eso se multiplicará bastante, además de haber cientos de cigarros humeantes y quemantes (no sé si existe esa palabra).
Y hoy tocará ir a la tarde a tomar algo antes de la cena, aunque lo cierto es que ahora mismo no me apetece nada, a ver si a la tarde ando más espabilado.
Otro texto que también tiene unos cuantos meses. En esta ocasión habla sobre la educación...
LA ENSEÑANZA EN ESPAÑA: un problema matemático
DENSEÑANZA DE 1960:
Un campesino vende un saco de patatas por 1000 ptas. Sus gastos de producción se elevan a 4/5 del precio de la venta. ¿Cuál es su beneficio?
Este texto ya es algo viejillo, creo que me lo enviaron por primera vez hace un año, más o menos. No sé si estos temas penales seguirán igual, pero como sea así son de risa, desde luego:
Delitos y Faltas
PREGUNTA 1
a.- Juan fotocopia una página de un libro.
b.- Juan le da un par de puñetazos a su amigo por recomendarle ir a ver la película "Los Ángeles de Charly".
¿Cual es la acción que merece mayor castigo?
Un pitido asesino se clava en mi cerebro, es el despertador...
Y en un solo instante tan solo queda en la memoria jirones de un sueño.
Ya sólo queda un día laboral antes de fin de año. Siete horas a contar desde las ocho de la mañana. Aún no ha empezado el día (ni siquiera ha acabado el anterior) y ya tengo ganas de que termine el Viernes. Después vendrán un par de días en los que espero no hacer nada (al menos hasta la noche).
Hoy era el Día de los Inocentes. No he hecho ninguna inocentada, ni me la han hecho. He leído unas cuantas por Internet, pero me da pereza buscarlas y copiarlas aquí.
Al mediodía hemos salido con intención de ir a comer a un chino de buffet libre y llegar hemos llegado, pero había tal cantidad de gente esperando, que nos hemos ido de la misma. Eso mismo nos ha pasado en otros dos o tres sitios. No sé que le pasa a la gente por estas fechas, pero todos comen fuera. Al final, después de recorrernos medio Bilbao, hemos acabado en un sitio a escasos metros del trabajo. Eso sí, también hemos tenido que esperar algo. Como consecuencia, hemos vuelto a trabajar con casi veinte minutos de retraso.
Parece que en Cercanías de RENFE han entrado en horario invernal, o algo de eso, porque han quitado el tren que solía coger de vuelta del trabajo, por lo que tengo que esperar diez minutos más, y ahora que no tengo nada para leer se hace pesado. Tengo varias opciones: comprar un libro, escribir un rato (que suelo hacerlo), o meter más juegos en la PDA...
Y no me siento con ganas de mucho más, sólo queda esperar a que termine el día de mañana.
Esta mañana en el tren he terminado de leer el libro que me regalaron por mi cumpleaños. Me ha durado un par de semanas, y eso que sólo leía en los viajes en tren y por las noches un rato en la cama antes de dormirme, también es cierto que el libro solamente tenía unas cuatrocientas y pico páginas.
La novela en cuestión es "Cell" de Stephen King. La primera vez que oí hablar de éste libro fue unos meses antes de que se publicase. La primera impresión que tuve fue que el argumento parecía muy poco elaborado: Los teléfonos móviles emiten una especie de señal que convierte en zombies a todo el que la escucha.
No obstante, al empezar a leerlo me dí cuenta de que la novela estaba bien planteada y prometía bastante, si bien es cierto que presenta una situación bastante clásica (la conversión de la mayoría de la población mundial en zombies) hay matices que la hacen diferente y algo novedosa.
La novela es bastante fiel al estilo de King, aunque no tiene tanta profundidad en los personajes como en otros trabajos suyos. El desarrollo de la historia es bastante rápido y, en algún momento, desconcertante. Pese a que casi todo el relato consigue mantener un buen nivel, en algunos puntos se nota algo flojo.
El desenlace llega precipitado, como en la mayoría de las historias del autor, teniendo alguna semejanza (aunque vaga) con "Apocalipsis". Sin duda lo más desconcertante es el final, durante toda la narración se aferra a una teoría para explicar el motivo de que una llamada telefónica haga que los los humanos pasen a ser zombies (que es el punto más flojo de la novela, aunque expone una teoría bastante interesante), pero al final no se obtiene una respuesta clara. Además el final está muy abierto, demasiado incluso para King.
En definitiva, es un libro que se lee rápido, que resulta bastante interesante si dejamos de lado la superficialidad con la que se trata casi todo, y la falta de una explicación definitiva sobre los acontecimientos que se desarrollan. Desde luego no se sitúa entre las mejores novelas de Stephen King, si hubiese trabajado un poco más la historia y hubiese dotado a la narración de más profundidad hubiese quedado una gran novela que, probablemente, hubiese aportado mucho al género.
Como curiosidad comentar que el libro se lo dedica a George Romero, amigo de King y guionista y director de las peliculas pioneras del género de los muertos vivientes.
Además, los fans de la serie de "La Torre Oscura" descubrirán un par de detalles que les resultarán familiares, aunque no aportan nada al desarrollo de la novela.
Por último, y como es habitual en todo lo que escribe Stephen King, el libro se adaptará al cine próximamente. Parece que el encargado de dirigir el film será Eli Roth, el mismo que escribió y dirigió la macabra Hostel.
Hoy ha sido un día sin muchas novedades. Por la mañana me ha costado muchísimo levantarme, más que de costumbre incluso. Después de desayunar han venido los largos minutos de relajación en la ducha, cerrando los ojos y evitando pensar en nada debajo del agua caliente (aunque parece que eso lo voy a tener que evitar a partir de Enero, cuando empiecen a subir una barbaridad las tarifas del agua). En la calle el ya inseparable frío me ha acompañado hasta el tren, que he perdido por escasos segundo, así que me ha tocado esperar diez interminables minutos sentado en un banco, pasando frío mientras intentaba leer algo (que por cierto, al ser de metal, los bancos están congelados, ¡tengo que poner un periódico para que no se me hiele el culo!.
Una vez en el trabajo no ha habido mucho movimiento. Hay mucha gente de vacaciones. El resto nos hemos pasado el día comentado las Navidades y tomándonos las cosas con calma. La mañana se me ha hecho bastante larga, la tarde no tanto, pero aún así ha habido algún momento en los que creía que me iba a morir de sueño, creo que a eso ha contribuido el excesivo calor que había en el trabajo, cortesía de alguna persona que si hay menos de cuarenta grados tiene frío...
A la tarde, tras un entretenido viaje en tren, he tenido que ir a casa de mi abuela a conectarle el reproductor de DVD que le han regalado mis padres y mis tíos. No sé por qué estos aparatejos vienen sin ningún cable para conectarlo a la televisión, menos mal que tenía por casa un cable de euroconector. El reproductor en sí es bastante normalito, gama económica, además lee DivX. Después de conectarlo todo y darle una breve clase a mi abuela sobre cómo ver DVDs y escuchar CDs de música, la he dejado viendo uno de los DVDs que mi madre la ha regalado con las vacaciones de verano de 1995 (anda que no ha llovido desde entonces), al menos se la veía contenta viendo el video y recordando viejos tiempos.
Éste año no he felicitado a nadie la Navidad, porque no veo qué es lo que hay que felicitar. Debería ser une época de alegría y todo eso, pero me siento más deprimido que en el resto del año. Las calles están llenas de luces, los escaparates tienen un colorido especial, la temperatura desciende bastante y a media tarde el cielo ya se ha oscurecido por completo. Es el escenario perfecto para dar un paseo por la ciudad, deleitándose con los escaparates, parándose a tomar algo en una cafetería para volver a casa a acurrucarse en el sofá con una manta. Pero todo eso si tienes compañía, claro. Sino sólo son días grises, con mucho frío y soledad.
Así que no es raro que en estas circunstancias la Navidad sea una época de lo más deprimente. No obstante, dejando de lado ese tipo de cuestiones sentimentales (cuando se pueden dejar de lado) también hay algún momento de alegría. En Veintitantos años pocas cosas han cambiado en la tradición navideña de mi familia. Mis padres siguen colocando todos los regalos en Nochebuena, antes de acostarse. Los colocan en el sofá, donde cada miembro de la familia tiene su sitio reservado (aunque ya hemos dejado de poner nuestras zapatillas de casa allí, para que se sepa donde han de ir nuestros regalos). A la mañana siguiente, yo me suelo levantar pronto para colocar los regalos que mi hermano y yo les hemos comprado a mis padres.
Esta mañana hemos hecho algo parecido. Anoche no salí, andaba bastante cansado y decaído, además con tanto frío me daba bastante pereza salir a la calle. Después de cenar hubo la indispensable partidita de cartas mientras tomaba algo. A eso de las cuatro y pico me acosté, leí un rato en la cama y me dormí. A las diez me he despertado para llevar los regalos al salón (y he tenido que dar unos retoques a un paquete que había envuelto el día anterior bastante desastrosamente). Luego otra vez a la cama y a esperar a que se levanten mis padres y me despierten.
Después viene el momento de abrir los regalos. Aquí tampoco ha habido excesivas sorpresas: calcetines (algo típico que casi ningún año falla), perfume (también suele ser común que me lo compre mi madre si no tengo pareja), algo de ropa (en éste caso una sudadera), algo con chocolate (¿cómo podría faltar eso?) y el regalo desconcertante: Una cubertería. Aún no tengo piso pero ya lo tengo medio equipado, creo que es una indirecta bastante directa para que me vaya de casa, pero dadas las circunstancias creo que está bastante complicado que ocurra en un periodo corto o medio de tiempo.
También ha habido regalos para el resto de la familia, la abuela, los tíos, primos, la novia de mi hermano... vamos, lo clásico.
Con eso ya se ha pasado toda la mañana. Y de nuevo a la mesa, llena de marisco y otras cosas que no me gustan, a esperar pacientemente que llegue el cordero asado con patatas. Y como siempre, la espera merece la pena. Tras saciar el hambre con el lechazo y tomar algo de postre se sigue con la tónica habitual: partida de cartas hasta la noche.
Y así ha pasado el día de Navidad. Exactamente igual que otros años. Mañana otra vez a madrugar y a trabajar, a seguir sintiéndome decaído. Pero bueno, pronto terminará la Navidad, aunque el invierno seguirá, un invierno largo, frío y duro.
Me he levantado hace un rato, ayer al final salí a tomar algo, pero prontito a casa. Siempre me quejo del frío, pero anoche la temperatura era sensiblemente más baja que en días anteriores, vamos que no era un buen día para quedarse parado en la calle.
Para variar, no cené nada, y antes de volver a casa (y en vez de comprar un bocadillo como suele ser lo habitual) me aprovisioné con una gran cantidad de bolsas de chucherías (fritos, boca-bits, pelotazos, Mr. corn y patatas fritas), hacía mucho que no comía alguna de esas cosas, demasiado tal vez.
Y no hay mucho más que destacar de la noche de ayer. Bueno, tuve una racha extrañamente buena con los dados (y que sería la pesadilla de cualquier estadista). Y ahora que lo recuerdo, poco antes de irme a casa me topé en un bar con una chica, que me sonaba de algo pero no sabía de qué, me saludó, me dio dos besos, me dijo algo (que no recuerdo lo que fue) y se marchó. Aún sigo sin caer en quien era.
Esta noche (ya en la cama) he tenido un par de sueños un tanto desconcertantes, de esos que intuyes que estás soñando pero no puedes hacer nada para cambiarlos. luego cuando te despiertas y estás en la fase en la que aún no sabes muy bien si sigues dormido o no, empiezas a cuestionarte si lo que has soñado sucedió de verdad, y dónde está el punto en el que terminó la realidad y comenzó el sueño. Por supuesto, cuando llevas un rato despierto se ve todo claro y el sueño parece realmente lo que es, sin confusión posible con la realidad. Pero durante unos momentos (¿minutos tal vez?) se hace muy difícil diferenciarlo.
Hoy (nuevamente) será un día para quedarse en casa, ultimando detalles para Navidad, preparando alguna cosilla pendiente, etc... Los regalos ya los tengo envueltos, ayer estuve con ello, y he de confesar que no me podría ganar la vida envolviendo cosas, y sobre todo objetos que no son uniformes.
Y mañana Navidad... ¿Debería estar contento? siempre me hace ilusión, en eso sigo siendo como un niño (bueno y en otros aspectos también), pero también me deprimo un poco más. Mañana veremos qué tal me sienta.
"Cada vez me pesan más los huesos, todo es gris ya no existe otro color.
Las resacas me duran más tiempo y el maldito bajón me ha arrancado de cuajo la ilusión"
¡Qué duros son los días de resaca! Y no es que beba mucho, sino que cada vez tolero peor el alcohol. Al final tendré que tomarme vasos de zumo de naranja cuando salga por ahí...
La noche de ayer estuvo bien, no había excesiva gente en los bares y se estaba a gusto. Eso sí, en la calle hacía un frío de mil demonios. Por segundo viernes consecutivo he estado veinticuatro horitas sin dormir y, dada la afición que tengo yo por coger la cama, se hace duro. No obstante, no estaba tan cansado como la semana pasada, entre otras cosas porque el día de ayer fue menos movidito. Aún así, el cansancio era bastante grande y hoy tengo día muy vago (que últimamente es bastante habitual en mi).
Lo curioso ha sido comprobar al levantarme que tenía cosas escritas a bolígrafo en el brazo, y un dibujo por la parte de atrás del cuello y la parte de arriba de la espalda. Me recuerda a otro día, hace tiempo, que me desperté con el nombre de una mujer escrito (con lápiz de ojos ?¿?) en la parte izquierda de la cintura.
Hoy creo que me voy a pasar la tarde en casita, al calorcito de la calefacción, mientras veo alguna película, aunque creo que no tengo nada nuevo, pero ni siquiera me apetece bajar hasta el videoclub. Admiro el espíritu que tiene mi padre, que a sus cincuenta y pico años y con el frío que hacía esta mañana, ha madrugado muchísimo (se ha levantado poco después de que me acostase yo) para ir al monte a andar. Y si aquí ya hace frío, no me quiero ni imaginar la temperatura que tiene que hacer allá arriba, ni lo cortante que puede llegar a ser el viento...
Bueno, un poquito de humor, que nunca viene mal. No sé quien es el autor original del texto, pero circula por muchos blogs. Yo me limito a copiarlo tal y como me lo han pasado a mi:
Una sinopsis de un capítulo cualquiera de House
(Unos desconocidos están haciendo alguna chorrada)
- Pues la Mari me regaló una pulsera de plata que…. aghhh…
- Churri, ¿Estás bien?
- ¡Cof cof whaghh!
- ¡¡¡Churri!!!
- ¡Cuack!
- ¡Dios mío! ¡Que alguien me ayude!
TUUUUUUN TIIIINNNNNN……….
Ti Tiiiruuuriiiiiiiru… Ti Tiiiruuuriiiiiiiru…….
¡¡¡DOCTOOOR… HOUSE!!!
Después del pesimismo de la Lotería, vamos con algo más alegre, que por lo menos he pasado una tarde entretenida. Cuando he salido de trabajar he ido con unos compañeros del trabajo al Burger King a comer (aunque no tenía mucha hambre después de haber comido un par de horas antes dos pinchos enormes de tortilla de patata con jamón y queso).
Tras la comida hemos montado en un tren que parecía más un caballo por el traqueteo que llevaba. Cuarenta minutos de viaje (y de tonterías varias) después, nos hemos apeado y hemos puesto rumbo a la tienda de informática que acaba de abrir un ex-compañero de trabajo.
Espero que después de todo el trabajo que ha tenido para montar la tienda la cosa le vaya bien, por mi parte haré todo lo que pueda por comprar allí lo que necesite (aunque me pille algo a desmano).
Como era la inauguración de la tienda, había un banquete bastante bien surtido para el deleite de todos los presentes, así que nos hemos puesto tibios a comida: tortilla, chorizo, queso y demás manjares variados.
Lo malo ha sido que aún no tenía activa la máquina esa para cobrar con tarjeta y no he podido comprar una grabadora de DVD, otro día será.
Bueno, poco más por hoy, ahora toca ir a darse una ducha para salir luego a tomar algo, que la Navidad es época de reencuentros (o eso dicen).
Oficialmente sigo siendo igual de pobre que ayer. Siete posibles números con un gasto total de 56 euros y ni un misero premio, ni dinero atrás, ni nada de nada. Pero bueno, a falta del dinero siempre me quedará la salud y el amor (¡ja!). En fin, que triste es la vida.
Aunque no sé porque se organiza tanto revuelo por éste sorteo de Lotería, si las posibilidades de que toque algo medianamente decente son ínfimas (de eso se trata la lotería). Pero se ha convertido en uno de los eventos nacionales más seguidos. No creo que sea sano depositar tantas esperanzas en unos números que, muy posiblemente, nunca te lleguen a solucionar nada.
Personalmente soy bastante reacio a comprar lotería, de hecho solamente compro un par de decimos en el trabajo, el resto de números son o bien regalos, o bien intercambios.
Todos los años llega éste día con una ilusión desmesurada y, poco a poco, mientras van saliendo los números y se va comprobando que no son los que tenemos nosotros escritos en algún papel o libreta, se va resquebrajando la cadena de sueños que se habían hilado con esa ilusión. Y otro año más hay que seguir con la rutina. Con el trabajo diario mal pagado. Con hipotecas que siguen subiendo (si puedes tener una, claro). Con una vida que se sigue encareciendo a un ritmo vertiginoso. Con los mismos sueños de un futuro mejor, sólo que los años van pasando y esos sueños no se cumplen, se van caducando poco a poco, casi sin que nos demos cuenta.
Vemos a los sorteos de lotería como una vía de escape, la única forma de dejar atrás una vida que nos va agotando día a día, pero que poco podemos hacer para cambiarla. Tiene que haber otra forma. Algo que no sea cruzar los dedos y rezar a la Diosa de la Fortuna para que, de una vez por todas, te conceda un poco de su atención.
Pero todo eso no lleva a nada. Pese a que casi todos sabemos que lo más probable es que nunca nos toque nada realmente apreciable, seguimos sorteo tras sorteo depositando todas nuestras esperanzas en esa serie de números. Pero soñar es gratis (y todavía no pagamos canon por ello), así que nos aferramos a la diminuta posibilidad de tener un golpe de suerte.
Yo ya no sé si jugármelo todo a la lotería, ir a un casino a probar suerte con el poker, o dedicarme a apostar por todo lo apostable (y así no va del todo mal, que el otro día con los del trabajo ganamos 45 euros apostando por un partido de fútbol).
En fin, lo más sensato sería poner los píes en la Tierra e intentar que todo cambie de un modo un poco más realista, pero a veces es muy complicado no fantasear con como serían las cosas de otro modo (a mi me pasa cada noche cuando me acuesto).
Menuda tardecita he tenido en el trabajo. Normalmente los Jueves me voy a comer a algún sitio con unos cuantos del trabajo (bueno, y otros días también, ayer tocó ir al chino, que hacía unos meses que no comía en ninguno) y hoy además es la Feria de Santo Tomás en Bilbao, que pilla bastante cerquita de donde trabajo. Así que la elección estaba clara...
Nos hemos abierto paso entre la enorme cantidad de gente que había hasta acercarnos a un puesto donde ponían bocadillos (personalmente paso del tradicional talo con chorizo, no me va mucho), nos hemos agenciado unos bocadillos de lomo y un par de botellas de sidra, más otro par de txacolí.
Después de eso hemos vuelto al trabajo, y entre la tonteria de la sidra y el txacolí y el excesivo sueño que tenía (y tengo), he pasado una tarde bastante dura, teniendo que hacer esfuerzos casi sobrehumanos para concentrarme en lo que hacía.
Acabo de llegar a casa, al final el espejismo de cielo despejado que se ha visto esta mañana ha desaparecido pronto, por lo menos no ha llovido, algo que se agradece, pero hacía bastante frío, mal día para ir por la calle, aunque a partir de ahora el frío será una constante.
Como era de esperar, en la estación de tren no tenían mi paraguas, después de preguntarme por todos los detalles del mismo, una señorita ha ido a comprobar si lo tenían y cuando ha vuelto me ha dicho "hoy no ha llegado ningún paraguas", eso me lo podía haber dicho antes!!
En fin, que ya sé que pedir estas Navidades, un paraguas con correa para que no se me pierda. Aunque es la primera vez que pierdo uno, ya había habido más ocasiones en las que me lo había dejado en el tren, pero siempre había vuelto a tiempo para recuperarlo. Sabía que éste día llegaría, lo que me extraña es que haya tardado tanto, con lo despistado que soy yo.
Por otra parte, hoy he comprobado que, desgraciadamente, por la calle te puedes encontrar con personas un tanto rancias. Después de salir de trabajar y ocuparme de unos asuntillos, iba a sacar dinero a un cajero que estaba ocupado por un hombre de mediana edad. Me he puesto a una distancia prudencial de él, la suficiente para que no parezca que le estoy acosando y que se perciba claramente que estoy esperando a que termine para realizar yo mis operaciones en la máquina.
En estas ha llegado una chica de unos 25/30 años y ni corta ni perezosa se ha situado delante mio (y a menos de medio metro del tipo que estaba en el cajero). Vamos, que parecía la cola del cine, y realizar operaciones en tu cuenta es algo lo bastante personal como para que no quieras que cualquiera vea lo que estás haciendo.
El caso es que cuando el hombre ha terminado, se ha girado hacía nosotros y nos ha dicho "No funciona muy bien...", antes de que pudiera terminar la frase, la chica se ha dado la vuelta sin mirar siquiera al hombre y con un paso firme y rápido se ha ido. Yo, he seguido mirando al hombre y he dejado que termine su frase: "... sólo saca billetes de diez". Le he dado las gracias por informarnos y me he ido a otro cajero, donde la señorita voy-con-prisa-y-no-me-puedo-detener ya estaba haciendo cola para poder entrar a uno de los cajeros.
He sentido un poco de regocijo al comprobar que cuando yo salía de sacar dinero, ésta mujer aún estaba esperando su turno, desde luego esa vez había elegido mal la cola...
Cada vez se ve a más gente por la calle caminando a paso veloz que ha olvidado lo que es tener un poco de educación. Normalmente yo también voy con bastante prisa a todos sitios, pero eso no me exime de intentar ser educado y correcto (aunque reconozco que tampoco lo consigo siempre).
Hacía tiempo que no me sumergía tanto en un libro cuando iba en el tren. Esta mañana estaba tranquilamente concentrado en la lectura cuando he alzado un poco la vista y me he dado cuenta de que el tren estaba entrando en la última estación. Así que rápidamente (sólo ha faltado la música de Benny Hill de fondo) he guardado las gafas y el libro en la mochila, me he puesto la bufanda y la chaqueta, he cogido la mochila y he salido justo cuando salía la última persona del vagón. (Que era mujer, lo que me recuerda una teoría mía sobre la mayoría de mujeres en el tren)
Todo hubiese salido bien si no fuera porque, cuando estaba saliendo de la estación y he visto que estaba lloviendo débilmente, me he acordado del paraguas, y mentalmente lo he visualizado en las baldas que hay sobre los asientos del tren.
He vuelto a subir a los andenes justo a tiempo para ver como el tren se volvía a marchar...
Así que me he quedado sin paraguas (supongo que podría reclamarlo en objetos perdidos, pero no sé si servirá de mucho), menos mal que se ha despejado el cielo y han subido un poco las temperaturas, espero que no llueva esta tarde cuando tenga que volver a casa.
Se supone que la utilidad inicial del PowerPoint (incluido dentro del omnipresente Microsoft Office) era el de generar presentaciones en formato de diapositivas, muy útiles a la hora de elaborar y exponer precisamente eso: presentaciones.
Sin embargo su uso se ha extendido sobremanera, llegándose a usar para autenticas chorradas. Parece que a la gente (o a algunos) les ha entrado la manía o urgencia de utilizar el PowerPoint hasta para la lista de la compra. Los chistes que de toda la vida se metían en archivos de texto ahora van en complejos PPS cargados de fondos de colores, musiquita y diapositivas inútiles que van pasando lentamente mientras el usuario hace clicks y más clicks en la pantalla.
Claro, la gente se instala el paquete ofimático abren el programita de marras y se ponen a "diapositivar" como locos...
Hoy en día es casi impensable el mandar un mail sin colorines, imágenes, algún sonido y los archivos adjuntos de rigor. Todo eso está muy bien, pero resulta cargante y desesperante tener que abrir un archivo de PowerPoint con vete tú a saber cuántas diapositivas, para leer dos párrafos de texto (eso sí, muy bien acompañados de imágenes inservibles y efectos de transición de texto lentos y odiosos).
Normalmente cuando me llega alguno de esos archivos paso de abrirlos. Alguno puede decir cosas interesantes, pero no necesito tanta parafernalia, se lee y se entiende igual de bien sin tanto complemento sobrante. Aún así, tengo una gran colección de estos ficheros (un gran número de ellos cortesía de mi madre, que desde que se ha enganchado a gmail no para de recibir y reenviar correos).
Tal vez algún día pasé esta moda de los PPS, aunque a juzgar por los mails en cadena, que ya llevan años en circulación y la gente sigue reenviando todas las chorradas que les llegan, no tengo mucha fe en que cese la avalancha de presentaciones de PowerPoint...
Como vaticiné el Jueves, ayer fue un día muy largo. Me levanté a eso de las siete menos cuarto para ducharme, desayunar, recoger la cocina, hacer la cama, vestirme e irme al trabajo. A las dos salí de trabajar y fui a la comida de Navidad de la empresa.
A mi eso de la comida "de diseño" nunca me ha hecho mucha gracia, del primer plato (que era una ensalada bastante rara) comí bastante poquito. El segundo apenas lo probé (unos crepes de setas y no se qué más). Eso sí, del solomillo di muy buena cuenta (de hecho me comí uno y medio), el único inconveniente es que estaba demasiado poco hecho, pero estaba bueno. El postre era una tarta de trufa y chocolate que estaba bastante rica.
Después de la comida y con la copa de cava llena, un conocido humorista vino a contarnos un monólogo que resultó ser muy divertido. Se trataba de Goyo Jiménez (al que yo no conocía, pero debe salir en algún programa de la tele...), también hubo un mago y humorista, del que he olvidado el nombre, aunque su actuación fue algo más sosa que la de Goyo Jiménez.
A eso de las seis nos echaron del hotel, así que tuvimos que buscarnos un sitio alternativo donde reunirnos en sociedad. Estuvimos hasta la una o las dos de la mañana en un bar, hasta que los pequeños grupos se fueron yendo cada uno por su lado.
Seguimos de copas por varios bares unas horas más. A última hora ya empezaba a estar realmente cansado y con dolor de pies. Sobre las cinco de la mañana me comí un bocadillo de lomo con queso, pimientos y cebolla y a eso de las seis cogí el tren de regreso a casa.
Llegué exactamente cuando empezaba a sonar el despertador (que se me había olvidado desactivarlo, y no es la primera vez que me pasa), así que tuve que ir rápidamente a pararlo. Y me acosté veinticuatro horas después de haberme levantado.
Hoy me he levantado sobre las tres del mediodía y he estado en plan vago sin hacer mucha cosa. No tenía mucha resaca, pero tengo el cuerpo bastante mal y encima me duele la garganta. Espero no haber cogido frío, aunque la temperatura que hacía en la calle a la noche/madrugada era bastante baja.
Éste mediodía he estado en el Fnac que han abierto en Bilbao. Nunca había estado en ningún Fnac, y (en éste al menos) hay un gran surtido de productos electrónicos (portátiles, reproductores de audio, cámaras de fotos y vídeo, home cinemas, accesorios...) así como una colección considerable de películas en DVD, música y libros (además de algunos "complementos" como figuritas, camisetas, miniaturas, etc.)
Lo que no está tan bien son los precios, no he comparado mucha cosa, pero me ha dado la impresión de que se sitúan al mismo nivel que lo que se puede ver en El Corte Inglés (que está bastante cerquita), y por encima de los precios que se consiguen en unas cuantas tiendas on-line. Los libros también valen como en el resto de tiendas o grandes superficies (entre 20 y 30 euros por una novela con tapas duras). Lo que más me podía interesar eran las películas y los libros, pero creo que los DVDs los seguiré comprando en El Corte Inglés cuando tengan alguna oferta del estilo de "30% de descuento comprando tres o más películas". Al Fnac iré de vez en cuando a pasearme entre tanto artilugio y que se me caiga un poco la baba...
Y nada más. Hoy habrá que acostarse pronto, que mañana será un día muy largo, a ver si no hace tanto frío como el que ha hecho hoy, que esta mañana he inaugurado la temporada de la bufanda, creo que hacía tres grados cuando he salido de casa. Y mañana saldré una hora antes, esperemos que no me congele antes de llegar al tren...