Sábado 4 de Septiembre del 2010, Same Shit, Everydays!
¡Necesito unas vacaciones! Cuántas veces habré dicho lo mismo... Pero lo cierto es que no tiene que ser bueno eso de levantarse a las ocho menos algo de la mañana, después de haber dormido menos de siete horas (y por supuesto no seguidas), para salir de casa y no volver hasta trece horas después.
Así no me extraña que cuando llego a casa estoy tan cansado que prácticamente no me apetece hacer nada. Llevo más de una semana con el ordenador nuevo y lo único que he hecho es instalar el Sistema Operativo y algún que otro programilla, pero casi nada. Eso sí, tengo mi Kubuntu con Beryl instaladito (aunque no configurado del todo). Visualmente Beryl es una jodida maravilla (Nota: "Jodida Maravilla" es un termino ampliamente empleado en mi ámbito laboral para designar a algo que es jodidamente maravilloso). No obstante aún noto ciertos problemas de optimización en algunas ocasiones u operaciones, además de tener pequeños fallos de funcionalidad. Pero va por muy buen camino, me río de Windows Vista y su "Aero".
Al margen de mi ordenador, de Linux y de Beryl (ya hablaré de ellos en otra ocasión, si el tiempo y las ganas me lo permiten), vivo en un estado de locura organizativa y desorden constante. Demasiados quebrantos picoteando en la cabeza, agujereando la cordura y desquiciando el poco sentido que me queda. Para no variar soy un bocazas, y me ha tocado desempolvar la parte de mi cerebro que guardaba unos pocos conocimientos de C++ para ponerme a hacer cuatro tonterías con el API de Windows, pero bastante costosas. Y como soy incapaz de limitarlo sólo al trabajo (dónde también me estoy metiendo en otro barrizal con el Firewall basado en Iptables que creé en su día y que ahora tengo idea de modificar y ampliar), así que me llevo el código a casa. Total, sólo tengo que preparar el ordenador de mi madre que está recién formateado, instalar un sistema operativo y preparar otro ordenador para mi hermano, seguir configurando el mío, estudiar y hacer algún examen (y lo de estudiar debería ser algo más prioritario). Con esas cosillas, no pasa nada por programar un poco en C o pelearme con reglas de Iptables. ¿Qué podría salir mal?
Pero bueno, mañana ya es viernes, lo que significa que me levantaré una hora antes, trabajaré siete seguidas y la tarde la pasaré durmiendo porque no podré mantener los ojos abiertos ni con pinzas en los párpados...
Al final va a ser verdad eso de que estoy todo el día quejándome.
Hoy en el trabajo hemos estado casi todo el día mandándonos chistes, la mayoría un tanto "frikis". Al final ya casi se trataba de ver quien era el que enviaba el más malo. También nos ha sobrado un poco de tiempo para trabajar, pero eso no era tan importante como los chistes.
Dejo alguno por aquí. Advierto que los hay bastante patéticos e ininteligibles, pero en ciertas ocasiones hacen gracia, y hoy en el trabajo ha sido una de ellas.

Me acaban de dar el ordenador nuevo. Es un Intel Dual Core 6600, con 4 Gigas de Ram, 3 discos duros de 500 GB, Nvidia GeForce 8600 GT y alguna cosilla más... Ya lo describiré un poco más en profundidad en otra ocasión, pero ahora toca abrir todas las cajas y trastear con él un buen rato. Como si fuese la mañana de Navidad.
Me tocará pelearme mucho con él, sobre todo para hacer trasvase de discos duros e información del ordenador "viejo" (aunque sólo tiene un par de años). Pero bueno, siempre hacen ilusión estos quebraderos de cabeza, al menos al principio.

La gente tiene un grave problema de comprensión, atención e impaciencia (entre otras muchas cosas, claro). Bueno, también puede ser que mi sentido de la usabilidad esté bastante distorsionado, es cierto que nunca se me ha dado bien eso de la maquetación, quizás no haya escogido la configuración ideal de colores, tamaños, posiciones, etc... pero aún así lo tengo que repetir: la gente tiene un grave problema de comprensión, atención e impaciencia.
Yo entiendo que, cuando se está buscando algo en Internet, se abran unas cuantas páginas con los resultados de la búsqueda para encontrar el que más se acerque a lo que se quiere. Pero vamos a hacer números, hace mucho que no veo Barrio Sésamo, pero intentaré ser igual de claro que ese vampiro morado (¿o era azul?) que nos "enseñaba" a sumar.
Desde que transcribí en un post las letras del disco de Marea ha habido un total de 63 visitas a la página provenientes de buscadores, buscando precisamente esas letras. De esas 63 visitas, 46 (algo así como un... 70 por ciento?¿?) han entrado directamente en un post de hace unos meses donde hacía eco por primera vez de la noticia de la grabación del disco.
En ese post, en la parte inferior, hay un link a las letras, así que el que quiera encontrarlas sólo tenía que bajar un poco y pinchar en el enlace. Después de unos cuantos días, al ver que muy poca gente llegaba a las letras (todos se quedaban en ese post anterior), edité el inicio poniendo ahí mismo el enlace al post con las letras.
Después de eso han seguido entrando en la página a través de ese post, buscando las letras. Pero casi nadie tenía la ocurrencia de seguir el link que les dirigía directamente al material que estaban buscando. De 63 personas que han llegado a través de los buscadores tan solo 29 han leído el post de las letras. Menos de la mitad (y de esos 29 hay unos cuantos que ni siquiera habían llegado buscando las letras, así que no estarían en los 63 totales).
En fin, sólo ha sido un poco de desvarío estadístico... La idea general es que la gente anda bastante perdida cuando intenta buscar algo en Internet.
Cuando era un niño (físicamente, porque mentalmente lo sigo siendo) los macarrones con tomate era la típica comida que encantaba a los críos. Sacaba de muchos apuros a las madres cuando tenían que cocinar para varios niños. Podían ser muy raritos a la hora de comer (y lo sé por experiencia: yo lo soy) pero unos macarrones aderezados con su tomate frito o triturado gustaba a (casi) todos.
En mi casa siempre se preparaban con tomate frito (no soporto el triturado o el casero desde cierto incidente que tuve de pequeño), huevo cocido (que yo no como) y chorizo frito.
Probablemente, de niño, ese era mi plato preferido. Y hoy en día me sigue encantando, claro. De entre todas las variantes de macarrones que hay, con todo tipo de tamaños, apariencia y colores, me quedo con los clásicos en forma de tubo. Quizás por ser los únicos que comí durante años, o por ese sentimentalismo que sólo se tiene hacía las viejas costumbres que se añoran de la niñez.
Pero esos macarrones no serían lo mismo sin su tomate frito. No me entusiasma demasiado la pasta en ninguno de sus otros formatos (gastronómicamente hablando). Y por supuesto el chorizo frito tampoco puede faltar, sobre todo si ha dejado todo su juguillo esparcido por el plato. Es algo que da a los macarrones ese renombre tan especial que tienen para mi, no tendría igual repercusión sin esos pequeños trozos de chorizo esparcidos por todo el plato, buscándolos entre los macarrones, reservando algunos para el final...
Un plato que siempre ha ido de la mano con los macarrones han sido los espaguetis. Yo siempre he considerado que eran como los macarrones pero con distinta figura. Sin embargo hay una cosa que los hace diferenciarse, al menos en la forma en la que tradicionalmente se preparan en mi casa: los espaguetis no llevan chorizo.
Esto ha sido un hecho asumido desde que tengo uso de razón. Los macarrones con tomate y chorizo. Los espaguetis sólo con tomate. Tan cierto como que el Sol sale por las mañanas y se oculta a las noches. Inamovible e indiscutible.
Sin embargo, al crecer (a veces) nos cuestionamos muchas de aquellas cosas que fueron verdades irrefutables antaño. Y, después de lustros de creer que alguna ley cósmica impedía echarle chorizo frito a los espaguetis, debatí el origen de tan desafortunada prohibición.
No hallé ninguna conclusión lógica. Ningún pecado capital que se asocié a la unión de estos elementos. Entonces, ¿qué impedía degustar el exquisito chorizo frito en conjunción con los espaguetis? Aparentemente nada, pero jamás los he comido así en mi casa.
Sólo queda preguntar a la artíficie de éste gran misterio, la única persona que puede darme la razón por la que durante tantos años no haya disfrutado de los espaguetis en su máximo esplendor, mi madre. No obstante ya sé cual es la respuesta: "porque es así, a los espaguetis no se les echa chorizo". Como todos los grandes sabios, las madres siempre tienen respuestas crípticas y misteriosas para los grandes enigmas que nos corroen.
Pero algún día todo cambiará... Yo seré el único que decidirá qué echar en cada plato. Y los macarrones no se me dan mal, el chorizo ya casi no se me quema... sólo queda atreverse con los espaguetis y enterraré de una vez por todas éste gran tabú, que es tema vetado en mi casa.
Hoy en día vivimos rodeados de publicidad: nos la encontramos amontonada en los buzones de nuestras casas, carteles publicitarios adornan las calles. Autobuses, metros y trenes nos ofrecen consejos sobre los productos que debemos comprar o usar. La televisión es un escaparate de anuncios donde de vez en cuando se cuela algún programa/serie/película, y la radio parecido. El correo electrónico es un inmenso vertedero donde se amontonan cientos de mails narrandonos las excelencias de una infinidad de artículos diferentes, e Internet es el gran carrusel donde danzan a su antojo cientos de miles de anuncios, invadiendonos en cada página que visitamos.
Y hay más métodos de avasallamiento publicitario. También existe la modalidad de publicidad presencial, que es esa que te entregan en mano a la salida de las estaciones o en los lugares más concurridos de las ciudades. Esto es ya bastante intimidatorio de por sí, porque algunas veces incluso amagan perseguirte para lograr su objetivo: que cojas uno de sus folletos. Aunque luego lo tires en la papelera más cercana (menos algún que otro desaprensivo que lo tira en medio de la vía pública fomentando el caos estilístico).
Pero lo que he visto hoy ha sido aún más intrusivo. Estaba tranquilamente en el metro, de vuelta a casa (poco antes de las diez de la noche), cuando se ha acercado un hombre y, sin mediar palabra, ha empezado a dejar caer marcapáginas en los libros abiertos de la gente que estaba leyendo. No sé que opinión le merecerá esto al resto, pero a mi me resulta de bastante mala educación el interrumpir de esa manera la lectura de una persona, sin avisarle, preguntarle, ofrecerle... Estás tan tranquilo con un libro en las manos, absorto en sus palabras, metido en el mundo que se esconde entre las páginas cuando, sin previo aviso, te sacan de esa ensoñación violentamente, dejando caer, sobre las letras que estás intentando leer, un trozo de papel que no es más que un objeto publicitario de una tienda.
En fin, en una sociedad consumista como esta, la publicidad es uno de los pilares más fuertes de la economía y, poco a poco, estamos avanzando hacía el futuro en el que todos nuestros actos cotidianos tendrán su respuesta en forma de publicidad dirigida. Maldita Ciencia Ficción... Tiempo al Tiempo.
Hace algún tiempo puse por aquí un vídeo de como dibujar un coche con el Paint. En su momento me sorprendió bastante (sobre todo por lo inepto que soy yo en esos temas), pero el tema se me olvidó. Hoy, una persona de cuyo nombre no quiero acordarme, me ha informado de un vídeo parecido, pero dibujando la Mona Lisa.
No sé hasta que punto será verídico el vídeo. Se supone que dibuja el cuadro en unas dos horas y media, aunque el vídeo se concentra en cinco minutos.
Ya que estaba, he buscado en YouTube algún vídeo más de ese estilo. Hay bastantes, sólo hay que buscar un poco y se encuentran decenas. Los primeros que me han llamado la atención han sido estos:

Menos mal, que normalmente estamos anestesiados durante las intervenciones quirúrgicas...
El top ten de cosas que no te gustaría oír mientras te operan:

Éste vídeo tiene bastante tiempo (es de Navidades), pero es graciosillo, además hace una semana que no escribo nada...
El tipo (un atrapado en toda regla) se regodea por poseer tres PlaySations 3. Sirve para pasar un par de minutos entretenidos. Los mejores momentos son el símil con la tarta y la gráfica comparativa. No está subtitulado completamente, pero se entiende bastante bien.
Como contrapartida, existe éste otro vídeo. Es una tontería, además sólo es texto, pero bueno, puestos a perder el tiempo...
Sediento. Pero no hay bebida que calme mi sed. El corazón ardiendo. Quema, duele. No es posible cerrar las heridas que palpitan en carne viva. Un túnel al pasado se abre con una canción, una palabra, un pensamiento, una imagen. Aquella sonrisa imposible de olvidar, los besos avivando la lumbre. El corazón que parecía no conocer el dolor de sentirse desgarrado.
Un paso atrás en el tiempo (la tumba de los lamentos). Caen los recuerdos y vuelve el nudo en la garganta, el vacío en el estomago. Y la sed sigue presente. Pero la boca no quiere agua. Desea los besos perdidos, ansía los abrazos efusivos.
Las lágrimas derramadas no calman al abrasado corazón. Huye lejos. No quiere ir a un dónde sino a un cuando. Ayer no sufría. Ayer no lloraba. Ayer se mecía en las cuerdas de la felicidad. Ayer es más que una palabra, es un grito del tiempo pasado, alarido de dolor.
Nadie lo calma, nadie lo abraza. Eso sólo pasó Ayer. Pero hace mucho tiempo del Ayer. Se consume soñando con viejos amores. Palpita, pero no por querer vivir, sino de puro dolor. Nada cura sus heridas. Tan sólo mantiene el recuerdo de Ayer. Y su sed es inmensa. Quiere beber esos momentos que navegan en el mar de los recuerdos, volver a vestirse con besos y caricias. Y no puede, no comprende que por mucho que cierre los ojos y se concentre en recordarlos, jamás volverán. Por muy cerca que estén las manos de tocar esos momentos, por muy nítida que esté esa sonrisa en la mente. Eso ya pasó. Ayer. La boca ansía poder beber de esa fuente de buenos recuerdos. Pero sólo es un espejismo en el desierto inmenso que hay frente a mi.
Sed de todo aquello que se perdió. Sed de amor compartido, pero esta vez mejor. Sed de Ayer.
Esta mañana, en el trabajo, me han mandado un recorte de una de esas noticias curiosas que se leen de vez en cuando. Es un pelín sensacionalista, pero bueno, la situación no deja de ser graciosa (excepto para sus protagonistas, claro).

Hace unos meses el cineasta Álex de la Iglesia (Acción mutante, El día de la Bestia, Crimen ferpecto) escribió un artículo para la edición hispana de la revista Rolling Stone sobre la cultura culinaria en Bilbao.
Está escrito en clave de humor, y hay que decir que lo borda. Reconozco que no conozco todos los sitios que comenta, pero sí me he dejado caer por unos cuantos. Es una guía obligada para todos los que se quieran sumergir en las entrañas gastronómicas de la capital bizkaina.
A CONOCER BILBAO!
Alternativas de ocio en Bilbao propuestas por Alex de la Iglesia para la revista Rolling Stones.