DePRiMeNCia
Blog Personal de ReKy
Serial Experiments, Fase 03: Cambios
"Tratando de ser como era ayer, soñando soñar, queriendo querer, seré otra vez yo si te vuelvo a ver..."
(V.2.5.8b)

Miércoles 8 de Septiembre del 2010, Same Shit, Everydays!

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Personal

La vida cotidiana tal y como es, tal y como la veo, algunas veces mejor y otra veces peor.... (podría explayarme mucho en éste tema, pero... ¿para qué?)

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Bueno, mucho tiempo después de la última vez que plasmaba por aquí mis desvaríos, me digno a volver. Han sido un par de meses más bien frenéticos, de mucho cansancio, estrés y nerviosismo. Casi todo muy habitual ya. Sigo inmerso en una época bastante extraña, en la que creo que necesito echar el freno de mano y replantearme un montón de cosas.

Y no sé cuando tendré tiempo para eso, estos días serán algo irreales, de estrés y preparativos de última hora. Dentro de dos días y medio estaré en un avión con un viaje de unas quince horas por delante para acabar a diez mil kilómetros de aquí. Y, claro, a tan poco tiempo de un viaje así y con tantas variables sin despejar aún, hay bastante nerviosismo en el ambiente. Y eso que lo tengo todo bien definido, pero creo que me falta tiempo para ejecutarlo.

Esto no encaja mucho con la idea de la necesidad de replantearse punto por punto la mayoría de los aspectos de mi vida. Pero quizás ayude, quien sabe... Puede que sea el punto de inflexión necesario para volver a dar impulso a unos motores que se están empezando a oxidar. Lo cierto es que algo hay que hacer, últimamente parezco un fantasma, falta una chispa que deslumbre a la apatía y a la desgana (¿hay drogar para ello?).

Supongo que la próxima vez que escriba por aquí estaré de viaje o de vuelta, quien sabe. Sea como sea espero que se renueve la energía que debo tener escondida por algún sitio.

Breve y mal, como me dicen todas (es increíble como se puede utilizar esa coletilla con cualquier frase). Pero quien quiera más.... que se lo gane.

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Fin de semana normalito, salir el viernes, descansar sábado y domingo, no es mal plan.

El viernes a la noche hubo cena con unos cuantos compañeros de trabajo (creo que eramos 26 ó 27). Después de tomar algo para ir abriendo boca, fuimos a una cervecería a cenar. Y en mi opinión, el menú no estuvo a la altura del precio, no estaba malo, pero tampoco era algo espectacular, y era bastante escaso. Pero eso apenas importó, no tardamos mucho en empezar con tonterías varias (¡qué de juego dan un puñado de globos!). En la mesa de al lado estaba la plantilla del iurbentia Bilbao Basket celebrando su victoria frente al Barcelona, aunque a mi me lo tuvieron que decir, y ni siquiera me acerqué a saludar. Después del postre (chocolate, por supuesto), salimos en busca del bar más cercano. Llevaba lloviendo desde el principio de la noche, así que había que ir esquivando la lluvia, o arrimarse a alguien con paraguas (lo que no era mala opción, la verdad).

El primer bar al que llegamos estaba vacío. Serían las doce o doce y media. Pedimos unas copas y estuvimos durante largo rato allí. Jugamos un par de partidas o tres al billar. Hacía más de tres años que no jugaba al billar, y nunca he sido especialmente bueno, pero no tuve mala noche, y parece que iba jugando mejor cuanto más bebía, igual está ahí el secreto. Después de declararnos vencedores absolutos ante las mujeres, cambiamos de bar.

Vagamos hasta otro bar, entre lluvia, una vez más. En esta ocasión había bastante gente en el bar, pero no tardamos en hacernos un hueco en una esquina. Estuvimos en el bar un buen rato, hasta que las mujeres se pusieron celosas cuando un par de treintañeras intentaron ligar con nosotros. ¡Mujeres! Pueden estar toda la noche pasando de nosotros, pero cuando alguna se nos arrima, enseguida sacan las garras.

Así que salimos del bar, y como ya era tarde y los bares empezaban a cerrar, nos fuimos marchando lentamente. Tras unos cuantos desvaríos y algo de charla, sobre las seis de la mañana nos retiramos.

En algún momento de la noche, le dejé mi cámara de fotos a un compañero de trabajo, para no estar pendiente de ella. Aunque luego, se me olvidó pedírsela, así que se la llevó a casa. Espero que no tuviese fotos (muy) comprometidas en la tarjeta, que nn vaciaba desde el año pasado.

La noche dio para bastante más, pero la mitad se me ha olvidado, y no tengo ganas de relatar la otra mitad, así que tendrá que valer con éste pequeño resumen, pondría alguna foto (me sorprende mi total indiferencia ante hacer el ridículo delante de una cámara de fotos), pero no tengo ni la cámara ni las fotos.

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zapatilla3

Es algo típico y normal: cuando tienes unos días libres (un puente en éste caso) vuelves más cansado de lo que te fuiste. Pero es normal, se cambian las horas de sueño, se descansa menos (aún) se hace más ejercicio... Hoy tengo agujetas y el cuerpo dolorido, y no sé de qué es.

El miércoles a la tarde salí de trabajar y, en vez de ir al curso de Java, me escaqueé y fui a cortarme el pelo (quizás demasiado). La tarde estaba bastante gris. incluso se atrevió a dejar caer unas gotas de lluvia, aunque muy tímidamente. Al volver a casa preparé algo de ropa, puse en orden un par de cosas y me acosté prontito. El Jueves me levanté, me duché, desayuné, me acicalé un poco, cogí la maleta y salí de casa, rumbo a Pamplona.

A mediodía estaba allí y, en contra de lo que esperaba, hacía un calor más que agobiante, la temperatura estaba más cerca de los treinta grados que de los veinte. Tras cruzar el centro de la ciudad en coche, acabé en las afueras, en el barrio de la Chantrea, que celebraba sus fiestas. Después de llegar al piso en el que pasaría los siguientes cuatro días y de saludar al perro, salimos a tomar algo por el barrio, para ver el ambiente que había y refrescar un poco el gaznate, lo cual resultó de lo más reconfortante.

Al volver a casa, comimos y pasamos la sobremesa en el sofá. Bien entrada la tarde salimos a conocer un poco más del barrio y, un rato después, partí hacía la parte vieja de Pamplona. Es una zona que invita a pasear, plagada de antiguas catedrales e iglesias, amplias plazas, vistas espectaculares y callejuelas embriagadoras. Muchos de estos parajes son bien conocidos para los amantes de los San Fermines. El ambiente el jueves a la tarde estaba bastante animado, pero según iba entrando la noche y el cielo se iba oscureciendo, el gentío se apagaba a su vez, dejando sólo un cúmulo de personas en algunos bares, sin llegar a llenarlos. Sobre la una y media de la mañana cogí un taxi para ir a casa y descansar, pues el día siguiente sería bastante largo.

El viernes nos levantamos sin madrugar demasiado, desayunamos y nos fuimos de excursión. No fue muy lejos, al monte Ezcaba , situado a escasos kilómetros de la capital navarra. Tras un largo recorrido de tortuosa y estrecha carretera ascendente, en los que el coche tenía grandes posibilidades de acabar encallado en una cuneta, llegamos a lo alto. Allí se encuentra el Fuerte San Cristóbal, un enorme recinto militar camuflado bajo tierra que se convirtió en prisión durante la Guerra Civil. Allí se produjo la famosa y sangrienta fuga masiva en mayo de 1938. Tiene una superficie de considerables dimensiones y, exceptuando los laterales y el foso que lo rodea, está casi completamente enterrado bajo tierra. Lo rodeamos por completo (y con ello la cumbre del monte). Las vistas eran impresionantes: Pamplona a un lado, y al otro campos, montes y algún diminuto pueblo. no fue un paseo muy largo, pero con el Sol castigándonos desde el cielo y con ayuda del hambre despertando en el estomago, decidimos volver al coche y a casa a comer.

Después de comer, y casi sin tiempo para descansar, volvimos a la carretera. Unos veinticinco kilómetros después llegamos a Puente la Reina. Es un pequeño pueblo cuyo máximo atractivo es un antiquísimo puente que es parte del Camino de Santiago. A parte de eso, también tiene una parte vieja bastante bonita y pintoresca. Eso sí, estaba lleno de peregrinos y algún que otro grupo de personas mayores. Dimos un paseo por las estrechas calles, tomamos algo fresquito a la sombra y volvimos al coche en busca el siguiente destino turístico.

Está vez el camino fue algo más largo, cerca de cincuenta kilómetros para acabar en Lumbier. No llegamos al pueblo, nos desviamos un poco antes para ir a lo más famoso de la localidad: La Foz de Lumbier. Tras bajar del coche nos preparamos para otra larga caminata, esta vez serían unos tres kilómetros junto al río Irati, hasta el Puente del Diablo. El camino no es duro ni excesivamente largo, pero el calor lo complicó todo un poquito. Como nota curiosa, hay que pasar dos túneles más oscuros que un gato negro, de noche y en un pozo de alquitrán. En uno de ellos ni siquiera veía a la persona que tenía junto a mi, a no ser que se girase y me mirase. Tiene su cosa caminar por un túnel de esas características en oscuridad total.

Al salir del segundo túnel nos topamos casi de lleno con lo que llaman "El Puente del Diablo", se trata de un puente derruido sobre el río Irate, con una peculiar leyenda. Dice más o menos así (o así es como lo recuerdo yo): Había una Señora gravemente enferma, una de sus doncellas partió en busca de agua milagrosa que la curase, pero en su camino se topó con un obstáculo insalvable, no podía cruzar el río. Mientras estaba allí, pensando como cruzarlo, se le apareció el Diablo y le propuso un trato: a cambio del alma de la doncella construiría un puente antes de las siete de la mañana. La doncella, deseosa de salvar a su Señora, accedió. El Diablo reunió a un buen puñado de criaturas infernales y se pusieron manos a la obra. Cuando el reloj del Infierno daba las siete el puente estaba concluido. Sin embargo la doncella llegó mostrándoles su reloj, que marcaba las ocho. De éste modo consiguió conservar su alma y salvar a su Señora.

Sí, ya sé que es una historia bastante floja, y no explica porque las horas eran diferentes, o de dónde sacó un reloj la doncella. Pero yo llegué a una conclusión, ya que la doncella tenía las ocho y en el reloj del Infierno marcaban las siete, una cosa parece clara: El infierno está en Tenerife.

Llegué a casa bastante exhausto, de tanto andar y de soportar tanto calor. Cenamos algo y nos quedamos en el sofá viendo la tele y tomando unas copas. Sobre la una de la mañana decidimos bajar un poco a ver cómo estaba el barrio. Había bastante gente, la mayoría agolpada en una enorme carpa, el resto por las calles o en los pocos bares que hay. Cuando nos cerraron el bar donde estábamos metidos, volvimos a casa.

El Sábado me levanté algo más tarde que el día anterior, lo justo para desayunar algo, ducharme y salir a la calle. Tras un paseillo por el Barrio llegamos a un enorme parque a orillas del río, donde cientos de personas estaban reunidas preparando la comida. Así que por allí nos quedamos, con el perro a su aire, refrescándose de vez en cuando, y nosotros haciendo lo mismo, pero en vez de meternos en el río lo hacíamos con sidra salida de una cupela de unos veinticinco litros de capacidad. Gran parte de la tarde transcurrió así, con algún que otro paseo hasta casa, para reponer fuerzas en forma de bocadillo y para prepararnos alguna copa. Después de dejar al perro en casa, volvimos a tiempo de peregrinar con todas las peñas por las calles del barrio. La marcha terminó en una plaza, donde estuvimos largo tiempo sentados en la hierba y dando buena cuenta de fría cerveza. Allí, me vi obligado a contar mi historia de "El infierno está en Tenerife" a una tinerfeña que clavaba una mirada asesina en mí. Pese a todo, resultó ser una chica bastante simpática, al igual que casi toda la gente que conocí aquel día.

Mientras estábamos allí sentados, el cielo decidió bajar las luces, y el día se fue disipando mientras se fundía con la noche. Era hora de ir a cenar. Y eso hicimos, un pequeño "hasta luego" y otra vez a casa, a ver qué tal estaba el pobre can y a volver a llenar el estomago con algo sólido. Tras el paréntesis, volvimos a la carga, a la misma plaza donde habíamos estado anteriormente y que ahora se había convertido en escenario de un concierto de rock. Allí estuvimos hasta que terminó y, después de comprar el disco para escucharlos más tranquilamente en otro momento, fuimos a la carpa que había conocido la noche anterior. En esta ocasión la afluencia de gente era considerablemente más alta, pero sin llegar a ser agobiante en ningún momento. Allí dimos los últimos coletazos de una jornada especialmente larga y agotadora. La última anécdota del día fue la chica que estaba junto a mi que, o quería ligar conmigo o deshacerse de su pacharán, porque no hacía más que mirarme, sonreírme y pasarme el vaso con la bebida. Demasiado cansado me encontraba como para profundizar más en sus intenciones, así que poco después estaba de camino a casa, para pasar mi última noche en Pamplona.

Y el Domingo no pasó gran cosa, casi toda la mañana la pasé en la cama, después desayunar, ducharme, comer, preparar la maleta, recoger un poco, despedida y de nuevo a la carretera. Al salir de Pamplona el cielo se nubló y cayeron algunas gotas de lluvia, terminando así un puente en el que el Sol no había dejado de verse y en el que las temperaturas no habían bajado de los veinticinco grados por el día.

Y esa es la historia del puente de Mayo, no se ajusta al cien por cien con lo ocurrido y hay muchos detalles omitidos (la mayoría de ellos involuntariamente), pero es una aproximación . El Domingo a la tarde estaba en casa, y ayer a la noche empecé a escribir esto, pero estaba tan cansado que lo dejé en el segundo párrafo. Hoy le he puesto un poco más de empeño y parece que algo he conseguido. Pero no da para más... aunque el resto sonaría muy repetitivo: estoy cansado, con sueño, duermo poco, etc... Ya me quejaré otro día por todo ello, y contaré alguna cosita más, como qué hacer con el dinero de hacienda que ya me han devuelto, o comentar alguna noticia musical. Pero eso será en otro momento, tal vez. Ahora debería revisar todo éste tostón y meterme en la cama. Creo que voy a pasar directamente al segundo punto. Hasta mañana.

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copavino

El fin de semana que terminó ayer se me ha hecho especialmente largo. Empezó como viene siendo habitual en las últimas semanas: durmiendo. Y después de la extensa siesta, ducha, prepararse y a la calle. Y hacía bastante calor, más de lo esperado. Después de un largo paseo, y con el estomago intentando implosionarse sobre sí mismo, se hizo un alto en el camino para cenar. Y fue una cena bastante copiosa, todo hay que decirlo. Así que entre eso, el cansancio de la semana laboral y la perspectiva del día siguiente cerniéndose sobre nosotros, no pasó mucho rato hasta que emprendimos camino de regreso a casa.

Al día siguiente me levanté antes de lo que viene siendo lo normal en los fines de semana y descubrí que los sábados también tienes mañanas... cortas, pero las tienen (en realidad lo redescubrí, pero ya había olvidado como eran). Después de comer, la tarde fue bastante tranquila, enredando un poco por aquí, viendo alguna vieja película, escuchando algo de música... hasta que, con la noche aullando en las calles, llegó la hora de volver a marchar. Fue una escapada nocturna más amplia que la anterior, pero sólo un poco, horas antes de cerrar los bares ya estábamos batiéndonos en retirada.

Y llegamos al Domingo, sagrado retiro temporal, ancestral jornada de descanso. Y los Domingos también tienen mañanas, quien lo iba a decir... Así que me levanté a una hora medianamente prudencial, me duché, recogí un poco la casa, cogí una botella de Txakolí y emprendí una larga caminata hasta el punto de reunión para comer. Comida que también fue bastante abundante, y hubo que dejar lasaña en el plato, si hubiese estado Garfield con nosotros hubiese dado buena cuenta de los restos. La comida siguió con un poco de sorbete de limón, postre con abundancia de chocolate y sobremesa larga regada con cava.

Y después a casa, con el cuerpo castigado por el extenso fin de semana, en el que nos hemos dado cuenta que nos hacemos mayores, y los años nos arrastran hacía delante, a veces tirando de nosotros y otras veces tirando nosotros de ellos. Pero, ¡qué coño! ¡no lo llevamos tan mal!

Aunque hoy es Lunes y ya estoy bastante cansado, gran parte de la culpa la tiene la noche que he pasado, en la que no he dormido mucho y me he despertado incontables veces. Y todo por desenchufar el despertador. Ya estaba bastante cansado del constante zumbido que me torturaba todas las noches, así que el Viernes decidí desenchufarlo y pasar de él. He puesto el móvil como despertador, pero con la paranoia de que no lo voy a escuchar, me he estado despertando cada poco rato durante toda la noche. Con lo fácil que sería meterse en la cama y dormirse profundamente hasta la hora de levantarse...

Y ahora que llega de nuevo el momento de acostarse, veo con más irrealidad el episodio de la noche del Jueves, ¿Fue real? ¿Estaba dormido o despierto? Quizás en ninguno de esos estados... quien sabe...

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caja5

Hace ahora un par de semanas comencé un curso de Java a las tardes. De lunes a Jueves, de seis y media a nueve. Lo que quiere decir que salgo de casa a las ocho de la mañana y vuelvo poco antes de las diez de la noche. Esto unido a noches donde el descanso brilla por su ausencia (y en las que últimamente se inyectan unos sueños un tanto nostálgicos y repetitivos, con unas cuentas estrellas invitadas que se solían mantener al margen de mis desvaríos oníricos, al menos en los últimos tiempos) hace que al llegar a casa a la noche las ganas de hacer algo mínimamente productivo se reduzcan a tímidos reproches mentales a los que no hago mucho caso. Menos mal que los viernes no hay clase, sino a la noche no me tendría en pie ni para tomar la primera copa o sucedáneo (vamos, que no aguantaba despierto ni un asalto). Por lo menos ahora puedo aprovechar las tardes de viernes para poner un poco de música y... dormir. Bueno, eso cuando no hay tardes lúdicas con los compañeros de trabajo, en esos casos no estaré muy despierto y sociable para la compañía de la noche, así que más vale esperarse al sábado, que estaré menos insomne y más activo.

En el trabajo son tiempos complicados. La semana pasada estuvimos de mudanza. Dejé la planta, y el edificio donde he pasado los últimos cuatro años. Es triste ver como esos años caben en tres cajas de cartón, donde se amontonan cuadernos, documentos, muñecos, regalos, tazas... Repasando todo ese material se recuerdan cientos de momentos pasados y, sobre todo, a aquellos que se fueron. El lunes sólo quedábamos unos pocos en la vieja planta, que nos albergaba sombría y en silencio, solamente roto por el sonido de los teléfonos que yacían en el suelo esperando ser desconectados definitivamente. El nuevo sitio no está mal, es más amplio y luminoso. Se ven arboles tras los ventanales. Quizás haya demasiado bullicio, y habrá que acostumbrarse a las nuevas compañías, pero es asumible. Más curioso son los servicios, que ya no son individuales como en el otro edificio, sino colectivos cual baño de bar, en los que sólo falta el vaso en la mano mientras se hace cola para entrar. Eso sí, es idóneo para curiosas situaciones, como conocer gente nueva mientras te lavas los dientes, hablar sobre código o bases de datos mientras achicas agua o discutir las incidencias mientras te lavas las manos (¡qué situación tan acertada!).

Dejando de un lado la mudanza, en el trabajo hay un ambiente bastante tenso, será por la Primavera (o por otras muchas cosas). Además de eso, son fechas bastante estresantes, mucho trabajo, informes, planificaciones, peleas. Menos mal que esto acabará en una semana, espero que llegue vivo. Entre el estrés del trabajo, el agotamiento del curso y las malas noches no sé si voy a aguantar tanto. Necesito unas vacaciones, estoy pensando en cogerme el puente del uno de Mayo (si me dejan), sino tendré que esperar hasta Junio para tener vacaciones, aunque aún no están decididas las fechas.

Mientras tanto me esperan unas cuantas semanas en las que no tendré apenas tiempo para mi, y el poco del que disponga se esfumará cediendo el control de mi cuerpo al agotamiento. Pero bueno, merecerá la pena, supongo.

Creo que tenía más cosas que decir pero, como es habitual, muchas ideas se han quedado por el camino, no sé si lo he preguntado alguna vez, pero ¿cuándo inventarán una máquina que transcriba directamente lo que piensa el cerebro sin necesidad de teclearlo o dictarlo?

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¡Qué gozada es viajar en metro! Esperar 25 minutos en el anden y subir a un metro que está a punto de rebosar, para ir notando, parada a parada como la gente se agolpa más y más, emulando a las sardinas en lata, pero sin aceite ni escabeche ni nada de nada. Eso sí, he tenido la relación más próxima y duradera con una fémina de los últimos tiempos. Aunque me ha costado medio viaje verla la cara, intuía que era mujer por las uñas pintadas y por los pechos apretados contra mi espalda. Pese a que el único intercambio verbal ha sido un "lo siento" seguido de una angelical sonrisa cuando me ha dado un codazo en las costillas, al finalizar el viaje he estado a punto de pedirla el número de teléfono, para ver si podíamos repetir otro día, aunque seguramente se quedaría en un "Ya te llamaré", como casi siempre.

El viaje de vuelta no ha sido tan erótico. Ha sido un viaje por los pelos, he llegado al anden treinta y siete segundos antes de que hiciese acto de presencia el último metro del día. Entre medias, catorce interminables horas encerrado en el trabajo, a las que podemos sumar las otras catorce horas del sábado. Menos mal que ayer "descanse" (alabado sea el día del Señor). Como consuelo quedan los cinco días adicionales de vacaciones que voy a disfrutar éste año gracias a las horas extras que he sufrido estos dos días.

¡Y todavía es Lunes! (bueno, Martes técnicamente). Necesito dormir y descansar, ¿no hay drogas para eso?. En fin, al menos mañana iré más tarde a trabajar.

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Fin de Semana Santa. Mañana, otra vez a trabajar después seis días de descanso. En general ha sido una Semana Santa muy tranquila, exceptuando una pequeña escapada la semana pasada a invadir otra casa (aunque bastante más cerquita que Madrid y con una dueña más neurótica que en la anterior ocasión).

Si por algo ha destacado la escapada ha sido por el frío, que ha sido realmente molesto. Desde la tarde, tomando algo en una terraza, hasta la noche, yendo de bar en bar. Incluso salí con bufanda (más bien la sacaron por mi y la llevé yo durante toda la noche), pero en general no había llevado ropa de abrigo, no creía que hiciese tanto frío. Volvimos a casa tarde y con frío, así que fue una bendición meterse en la calentita cama.

Lo primero que pensé al despertar a la mañana siguiente fue que nunca recuerdo lo malas que son las resacas de vodka hasta que es demasiado tarde, lo segundo que pensé fue que qué demonios hacía en la cama con un oso de peluche casi más grande que yo (y que conste que yo no lo había puesto ahí). Después de levantarme fui a darme una necesaria ducha para aparentar ser persona. Odio los calentadores eléctricos, ¿no habíamos enterrado ya esa obsoleta forma de calentar (una pequeña cantidad de) agua?. Después de esperar media hora larga pude ducharme con un agua más bien templada. Y con un frío más que acentuado en el exterior. Tras la ducha y la consiguiente lucha por entrar un poco en calor tocó decidir dónde comer. Teniendo en cuenta que la noche anterior había sido larga y abundante en ciertas dosis de líquidos, imperó la decisión más lógica: quedarnos en casa. Mano a la nevera, sacar macarrones, recalentar, y problema alimenticio solucionado. Eso sí, hay que mencionar un insólito hecho: ¿Cómo es posible tener en una nevera latas de coca-cola que llevan más de cuatro años caducadas? Y lo peor es que no estaban malas (o eso dicen, que yo no lo probé).

Después de pasar media tarde vagueando y viendo el plan que había para esa noche y las pocas ganas de hacer nada que teníamos, decidimos batirnos en retirada hacía casa, que al menos se está más calentito, aunque sin compañía, que se le va a hacer. Así que despedida, coche, carretera y vuelta al hogar.

Y esa ha sido toda la acción que he tenido en estos días festivos, el resto del tiempo lo he pasado en casa, peleando con un incipiente constipado, viendo películas, contemplando el aguacero que caía tras las ventanas y sumido en otras tareas menos decorosas y más relevantes (que es lo mismo que no decir nada y mantener un cierto aire enigmático).

Y siguiendo el hilo de mis primeras frases: mañana de nuevo a trabajar. El mes de Abril va a ser bastante duro, me voy a cabrear mucho y me voy a indignar más aún. Pero, ¿quien quiere un trabajo sencillo, sin preocupaciones y sin responsabilidades? En fin, al menos sólo queda una semana para cobrar (¿será con objetivos? ¿o eso será el mes siguiente?).

Me he dado cuenta que tengo demasiadas cosas en la cabeza como para poder pensar con coherencia en todas ellas, creo que necesito un dualcore (o mejor quadore), para abarcarlas con la profundidad necesaria, sino creo que nunca llegaré a tratarlas de la manera que se merecen y acabaré volviéndome loco y ansiando huir a algún sitio (¿Cuánto necesitaría para huir muy lejos de aquí y dedicarme a hacer cualquier cosa que me de lo justo para poder vivir?).

En fin éste año va a ser... ¿decisivo? Me acabo de acordar que en un par de semanas empiezo un curso de Java. Así que ha pasarse otros tres meses saliendo de casa a las ocho de la mañana y volviendo a las diez. El curso es bastante cortito, pero bueno, algo es algo. Yo quería uno de unas 300 horas, pero ese lo veo complicado a no ser que me echen del trabajo, y parece que eso no va a pasar (y no será porque no me quejo por todo).

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Creo que no tiene que ser nada bueno meterse la paliza que me he metido yo éste fin de semana. El Viernes me levanté a la hora habitual y salí de casa a eso de las siete y media de la mañana. Después de trabajar, comer y pasar una amena tarde, me tiré algo más de cuatro horas en la carretera. Hasta llegar a Madrid a eso de las dos y pico de la mañana. Allí me tomé un par de cacharros y a la cama, para levantarme unas seis horas después.

El sábado, después de levantarnos, desayunar y ducharnos, salimos a la calle (donde hacía un incomprensible y bochornoso calor). Una vez en la calle tocó ruta con una apañada guía turística. Improvisando un poco acabamos en los sitios típicos: la Moncloa, la Puerta del Sol, la Plaza España, la Plaza de Oriente, la Plaza mayor (que es algo así como la Plaza Nueva de Bilbao, pero algo más grande, al salir pensaba ver al Arriaga y la Ría). En fin lo más típico y socorrido de Madrid. La verdad es que esa zona de la ciudad no está nada mal, alejado del estilo urbanita y caótico que se respira en casi toda la capital.

Lo siguiente para ver era la parte vieja: La Latina. Pese a que estábamos a tiro de piedra de allí, fuimos en metro para evitar acabar en Dios-sabe-donde (e hicimos bien, sabiendo como es la orientación de la guía, era la opción más sensata). El Metro de Madrid es algo así como un caos total que quien lleva un tiempo pululando por él le encuentra cierta coherencia y armonía. Pero no lo tiene. Pasillos infinitos, techos bajos, andenes claustrofóbicos, vagones minúsculos, cientos de indicaciones y líneas... Se pasa más tiempo andando entre los pasillos de las estaciones que en el trayecto en sí del metro. Y hay diferencias abismales, no sólo entre estaciones, sino entre los andenes de diferentes líneas dentro de la misma estación. Pero bueno, después de un par de días de viajes en metro, casi me he acostumbrado a los múltiples transbordos y las caminatas por las estaciones, subiendo y bajando escaleras.

Una vez que llegamos a la Latina, nuestra siguiente prioridad era comer algo. Y resultó ser una empresa algo complicada, Vayas donde vayas, en Madrid siempre hay muchísima gente. Sea la zona que sea, sea la hora que sea. El caso es que tras recorrer varias veces las mismas calles buscando algún sitio con una mesa libre para comer, decidimos esperar en un bar tomando algo mientras se libraba alguna mesa. Menos mal que no cerraban la cocina. Empezamos a comer cerca de las cuatro de la tarde, eso sí, el sitio resultó estar bastante bien, con unas raciones bastante majas.

Después de comer, y viendo el buen tiempo que hacía, fuimos en Metro hasta El Retiro, donde estuvimos dando una vuelta y tomando algo. Cuando empezaba a oscurecer llegamos a la Puerta de Alcalá y a la guía se le ocurrió la feliz idea de recorrer todo el paseo de la Castellana andando. El resultado fue hora y media de caminata hasta llegar a las Torres Kio. Una vez allí, agotados y con la noche encima, decidimos ir a casa a cenar. El camino de vuelto lo hicimos en metro, por supuesto. Un par de transbordos y en veinte minutos estábamos en casa. Salimos a por algo de cenar y a tomar algo. Después de cenar tomamos un par de copas en casa mientras veíamos (aunque me pese reconocerlo) el final de la gala de Mis España. Un espectáculo bastante triste, la verdad, aunque siempre es interesante verlo con un par de mujeres que no paran de criticar a las mises.

A eso de las dos y pico de la mañana salimos a conocer un poco el ambiente nocturno de la ciudad. Primero me llevaron a la zona de Huertas (que no tengo ni idea de donde está, pero hay un montón de bares y un gentío considerable) y, después de tomar un par de tragos, fuimos a un antro donde me salté dos de mis tres principios a la hora de entrar en un bar o similar: No hacer cola y no pagar. La cola era considerable y la entrada no era precisamente barata, pero al menos no tenían música chunta. Algo es algo. Allí estuvimos el resto de la noche. Al salir metro y a casa para dormir unas cuatro o cinco horas, levantarse, ducharse, comer, hacer la maleta y de nuevo a la carretera. Y a eso de las diez y pico de la noche estaba otra vez en mi casa.

Bueno, eso ha sido a grandes rasgos, estoy demasiado cansado como para acordarme de mucho más. Como decía al empezar: no tiene que ser bueno meterse estas palizas. Me duelen las piernas de tanto andar y estoy agotado de tanto movimiento y de no dormir. Ahora volveré a dormir en mi cama, toda para mi, sin compartirla con nadie.

Esta semana va a ser muy dura, no sé cómo voy a conseguir recuperarme. Estoy mayor para esto.

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Qué rápidos pasan los días. Sobre todo cuando te levantas a las siete y pico, sales de casa a las ocho y vuelves a las nueve pasadas. Que bien se vive sin responsabilidades. Mañana tengo que dar un curso a Soporte (Sí, todavía no sé que pinto yo dándoles un curso sobre un producto a ellos), aun no lo he preparado del todo, por lo que tampoco sé que voy a decir. Sólo sé que serán unas veinte personas y dos horas. Mañana a primera hora ya puedo darme prisa en terminarlo y en releérmelo. Será un desastre, pero que leches, no es mi trabajo preparar cursos técnicos!

Y encima todavía no he tenido revisión de sueldo. Quiero cobrar más! El seguro médico privado apenas lo voy a usar... (eso sí con cobertura total-megaguay)

En fin, quiero que pase ya esta semana, dejar atrás el curso de mañana, que pasen las peleas con Personal (aunque esas durarán más tiempo), y poder ponerme a t rabajar en serio con mi producto! (hablando en el mundo laboral, claro).

Contaría más cosas, pero... no me apetece. Bueno, sí, ya me he terminado un par de libros pero no he tenido tiempo ni ganas de hablar de ellos. A ver si empiezo alguno nuevo.

Y nada más, me repatea la sensación de no haber hecho nada en todo el día y me reconcome la idea de que no me va a dar tiempo mañana a preparar el curso, además seguro que se me olvida algo que tenía que preparar. Por no hablar de que no sé qué tal se me dará impartirlo...

Ale, otro día más y peor (se nota que ando estresado).

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bomba5

Comienzo de semana. Típico y normal. A saber: somnoliento, cansado, aburrido y sin ganas de trabajar. Aunque a eso hay que sumarle algún que otro factor extra, para darle a éste Lunes un toque especial y único.

Pero antes recapitulemos el fin de semana. Viernes fuera de casa, el resto en casa. Ya está. Vale, un poco más extensamente: Viernes fuera de casa desde las siete de la mañana hasta las tres de la madrugada del sábado, agotamiento. Eso sí, con un juguetito nuevo, que ya analizaré cuando pueda. Y el resto del fin de semana de relax (por no decir de vagueo).

Una pausa. El otro día, puede que ya haya pasado una semana y todo, terminé el libro que estaba leyendo, cuando tenga un rato escribiré tres líneas (cuatro a lo sumo) sobre él.

Hoy Lunes. He llegado pronto al trabajo, algo inusual en los últimos tiempos. Ha habido cambios, no me afectan especialmente (o al menos todavía no sé en qué grado me afectan). Eso sí, ya hay un puesto menos entre el Director del Departamento y yo, ¡qué tiemble! sólo quedan dos personas por medio.

También ha habido alguna otra cosilla, alguna nimiedad sobre las fechas en las que podemos coger las vacaciones. Algo de lo que pretendía dar mi más sincera opinión, hasta que me han dicho que soy agresivo. Sí, yo, agresivo. Casi lo tengo que buscar en la RAE y todo. Parece que rezumo agresividad por todos los poros, ¿será por los ojos inyectados en sangre y la espuma saliendo por la boca? Al menos ha servido para perder el tiemp... para enzarzarnos en un divertido y lúdico debate, aunque creyendo ambas partes que tenemos razón tampoco se puede llegar a buen puerto (pero tengo razón yo, algún día reabriré aquí ese debate).

En fin, habrá que ir a la cama, que si no duermo soy agresivo.

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A veces sería mejor callar. O no escuchar. O irse a aquella isla desierta. Pero no, nada funcionaría. Y es que Todo Sigue Igual. Es casi una consigna, un grito de guerra. Mil cosas han podido cambiar, pero Todo Sigue Igual, quizás porque vivimos en una rueda, que lo único que hace es girar y girar consiguiendo marearnos y revolver un poco el océano en el que flotamos, pero no se puede salir de la rueda y por mucho que cambien las cosas, siempre siguen igual. Convicciones impotentes, palpitaciones inservibles, pérdida. Alegría o necesidad, querer pero no atreverse, derrota. Uno casi se acostumbra a ello.

Y viene la apatía segando el autoestima. Los días pasan, las semanas se acumulan y la somnolencia aniquila la fuerza de voluntad. ¿Quién ganará la carrera? ¿Apatía? ¿Cansancio? ¿Estrés? ¿Somnolencia? ¿Pasividad? Hay muchos corredores, pero una sola meta: el ceje de todo aquello por lo que había ilusión.

Tal vez todos los problemas tengan una raíz, o tal vez no. Quizás es posibles eliminarlos de un plumazo, o puede que no. Muchas incógnitas para tan poca fuerza de voluntad.

Y encima, en el único sitio donde soy activo, tengo más quebraderos de cabeza que otra cosa. Y estos, durante las diez horas que estoy allá, tienen prioridad casi absoluta. Hay excepciones. Deberíamos poder abrir la cabeza y extraer todo aquello que nos turba hasta tal manera que tiñe de negro el resto de archivadores del cerebro. Aunque hay casos en que esos sectores de la cabeza son muchos, aporreando los pensamientos, cada uno con su propio ritmo. Aunque esta idea de eliminar neuras de la cabeza me suena... ¿Por qué siempre acabo recurriendo al "Eterno resplandor de una mente sin recuerdos"? Y eso me lleva pensar en otra frase (quien sabe que clase conexión se ha activado en mi cabeza): "El triunfo del Amor en estos tiempos de Pena y Olvido". Será que sigo creyendo en algo que parece extinguido y esquivo.

Mañana más revueltas en la cabeza. Aunque todo tiene algo positivo: es difícil que sea peor que hoy. Pero mejor no hablo muy alto, que siempre pueden pasar más cosas en el trabajo, salir peor todo o cargarme aún más datos importantes (más incluso que ese editor de texto en JavaScript que programé hace tiempo y que no guardaba copia en ningún sitio, o que gran parte de los correos del trabajo). Pero más se perdió en... no lo recuerdo (mentira descarada y burda, no hay recuerdos más vividos y mejor grabados en la memoria como los de las perdidas)

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Parece ser que últimamente he vuelto a coger la costumbre de salir los viernes, ya sea para ir al cine, para ir a jugar unas partidas a diferentes consolas o para ir a tomar unas copas en los bares de siempre. Y esta semana ha tocado la última opción. No está mal lo de salir los viernes, luego se hace más largo el fin de semana, pero también se acentúa el agotamiento. Sobre todo después de una semana como la que ahora termina.

El viernes, en el trabajo, el tiempo pasó de un modo bastante peculiar, tan pronto tenia la sensación de que los minutos se deslizaban en el reloj con una vertiginosa velocidad, como notaba que se quedaban estancados mientras los segundos intentaban empujarlos sin mucha fortuna. Al final salí más tarde de lo que debería (como viene siendo la costumbre en las últimas semanas). Y para bien o para mal el producto estará en la calle pronto, aunque hay mucho por mejorar. Espero tener ahora algo de tiempo para completar ciertas tareas de gestión pendientes y empezar a preparar cosas para la siguiente versión. Aunque no sé por qué tengo la sensación de que no voy a tener mucho tiempo.

También debería estudiarme a fondo las maravillas del SQL Server, que me he pasado unas cuantas horas peleándome con sus caprichos. Y ahora que recuerdo, no conseguí darle los permisos adecuados a un usuario y le he dejado con control total sobre la BDD, a ver si me acuerdo mañana de mirarlo otra vez. Y eso enlaza directamente con un montón de cosas que debería hacer mañana, aunque como siempre se me olvidarán la mitad (o más).

Bueno, y no tengo muchas ganas de escribir nada más ahora. Hay demasiadas cosas pendientes y en mente, se me mezclan unas con otras y no veo ninguna con claridad. Respira hondo, cuenta hasta ciento treinta y siete, piensa en algo bonito.

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Vaya semana que estamos teniendo... Odio el viento. Y odio más cuando parece que una mañana en concreto no hace tanto viento y cuando sales de casa, no sólo hay un viento veloz y descomunal, sino que lo acompaña un torrente de agua que golpea por doquier. Y el frío aprovecha cualquier hueco para colarse por la ropa y golpear los huesos, mientras la lluvia, más tímida ella, hace lo propio a una velocidad lenta, pero segura. Son tan solo cinco o seis minutos, pero son suficiente para desear haberte quedado en la cama, para comprobar como hay que concentrar la vista para buscar un trozo de tela de los pantalones secos y para maldecir los siguientes veinte minutos que pasarás en el metro, con la mochila (empapada) a los pies, la chaqueta chorreando sobre las piernas, junto con la bufanda, el paraguas goteando en algún sitio que no moleste (pero sin olvidarse de él), las gafas puestas y un libro en las manos.

Y aquí enlazamos con la lectura. Llevo algo más de un mes con un libro, y habré leído las tres cuartas partes, más o menos. Y no es un libro excesivamente largo, unas seiscientas páginas a lo sumo. Pero parece que mi hábito con la lectura a descendido considerablemente. En parte es decisión propia, me propuso no pasarme leyendo, ya pasaron los años (y los libros) en los que me pasaba prácticamente el día entero leyendo. Ahora limito ese tiempo a los viajes en tren y alguna noche que me acuesto medianamente temprano (pero nunca entre semana, que estoy demasiado cansado para pensar siquiera en estar en la cama hipnotizado por el enjambre de letras que arañan las páginas). Y al descenso del hábito de la lectura se le ha unido, muy gustosamente por su parte, el hábito de la escritura. Ahora me cuesta Dios y ayuda hilar un par de palabras juntas que tengan algún sentido lógico (en éste o en cualquier otro plano astral). Y eso cuando finalmente dejo que las manos aporreen el teclado, que si ya es costoso que salgan las palabras, lo es mucho más que afloren las ganas y la fuerza de voluntad para intentarlo. Aunque ese problema no es exclusivo del hábito de agitar mi cabeza y dejar que las palabras caigan, embudo mediante, a una hoja en blanco. No, no tiene la exclusividad. Se puede aplicar a cualquier actividad que requiera algo más que quedarme sentado en una silla o recostado en la cama. Dicen que una persona adulta necesita dormir unas ocho horas para descansar y estar fresca el día siguiente. Yo creo que necesito dieciséis. Y aún así no descanso. Y me da rabia que mis días se limiten a ir a trabajar, andar cansado y estresado; volver de trabajar y estar tan cansado (y estresado) que no queden fuerzas para nada.

Aunque por lo menos hay algo en el que (muy poco a poco) me estoy moviendo. Tengo casi lista lo que será la primera clase del gestor de contenidos que estoy haciendo en PHP orientado a objetos. No es gran cosa, pero es un comienzo. A ver si sigo por el mismo camino en el resto de cosas que tengo pendientes y debería empezar con ellas. Es surrealista el número de cosas por empezar, por seguir y por acabar que voy dejando tras de mi. Necesito coger una fuerte bocanada de aire, cerrar los ojos, contar hasta diez (o diez mil) y afrontarlo todo de una vez. Pero para eso debería desconectar durante mucho tiempo (¿un año sabático en oriente? ¿Unas vacaciones pagadas en un paraíso tropical? ¿Una buena temporada en una casa perdida en el monte incomunicado con el resto del mundo (in)civilizado? Quien sabe...

Lo que sí sé es que mañana volveré a trabajar, si los Dioses así lo consideran habrá un poco de calma en el camino, sino volveré a maldecir a quien se me ponga más a mano. Y antes de las nueve estaré otra vez en el trabajo, en el mismo lupanar de siempre, donde las decisiones se toman dependiendo de la alineación planetaria (o quizás haciendo caso a una bola mágica del ocho, o a un dado de goma), y la lógica a seguir sólo es comprensible en el universo paralelo en el que la inteligencia ha seguido el camino opuesto evolutivamente hablando. Pero, ¿¡qué coño!? Yo no soy precisamente alguien que se debería quejar, sólo lo justo. Aunque no está de más ser crítico, y menos en un área o un puesto como el mío, otra cosa es que alguien tome nota y haga caso...

Por cierto, ayer hubo keynote del amigo Steve Jobs. Y esta vez no voy a hablar de ello. Bueno, o sí: Más de lo mismo, más parafernalia para los fanáticos adoradores de Apple que piensan que todo lo que dice el bueno de Stevie es palabra divina y que todos los productos que saca al mercado la manzanita son elementos sagrados que les aseguran la entrada en el paraíso, que estará plagado de iPods (bueno, en estos tiempos ya serán iPhones). Y tampoco me gustó su revolucionario portátil ultra-mega-plano, el más fino del mundo mundial. Pues mira que bien, pero sólo tiene un USB. No tiene lector de tarjetas. Ni conexión ethernet, porque WiFi hay en todas partes, ¿no? Ni vamos a comentar una unidad óptica. ¿Se puede cambiar la batería? No, ¿para qué? total sólo es uno de los elementos que antes se deterioran en un portátil. Eso sí, el diseño está muy bien, es bonito y esas cosas. Pero usable de verdad, no mucho. Seguramente la mayoría lo alabarán como si les acabasen de enseñar la octava maravilla, elogiarán a Apple e invitarán al resto de compañías a imitarla. Todo por sacar el portátil más fino del mundo. Qué cosas, oye.

En fin, mañana será otro día. A la cama a dormir.

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Ya se ha pasado la Navidad, y éste año apenas me ha rozado, sólo he notado que me acariciaba fugazmente evocando retazos del pasado. Navidad por momentos, el resto del tiempo, deambulando a la deriva oteando un horizonte que se torna demasiado difuminado para distinguir hacía donde navega la embarcación que ha salido al flote reconstruida con inconexos restos de un naufragio que me dejó derivando en las aguas de la apatía.

Y es que ha sido la Navidad más ausente que he tenido. En la calle apenas la he notado, tan sólo los destellos azules de las miles de bombillas que pendían inertes de árboles, edificios y farolas, han conseguido que la mente se adentre en el peligroso bosque de los recuerdos pasados, donde si uno no se anda con cuidado, se corre el riesgo de quedarse atrapado en ellos para siempre. Y por la noche la locura acecha detrás de cada árbol, escondida en cada recuerdo, mostrando su demencial sonrisa plagada de afilados dientes dispuestos a morder bien fuerte soltando todo su veneno.

En el trabajo las aguas bajan muy revueltas, son tiempos de recortes, planificación, objetivos y escepticismo general, hay que andar con mucha cautela. Hay quien anda con la guadaña afilada y segando algo más que malas hiervas. También ha sido época de valoraciones, no exentas de polémica. Personalmente soy una B, que no sé si es de Burro o de Borde (bueno, creo que hay bastante gente que me aplicaría los dos calificativos). El caso es que la valoración en sí ha sido muy positiva, vamos, que todo son elogios: que si técnicamente tengo un nivel muy alto, que si se esperaba de mi menos de lo que he ofrecido, que si se han mejorado todos los puntos negativos de la anterior evaluación... de hecho, en esta, ni siquiera se especificaban puntos negativos. Incluso me recomendaban para la jefatura de un proyecto (o como responsable técnico, que ya ni siquiera sé cómo se llama el puesto).

Y me lo dieron, aunque antes de que me hiciesen la valoración, lo que no deja de resultar curioso. Bueno, siendo fiel a la realidad, las valoraciones estaban escritas mucho antes. El paso al nuevo puesto fue de un día para otro y unilateralmente, pero bueno, siempre es algo bueno el ascender profesionalmente, aunque sea a costa de perder la tranquilidad que tenía hasta ahora. Creo que desde que estoy de responsable no he salido ningún día a la hora y mi medidor de estrés ha subido cuatro o cinco puntos, hasta situarse en una posición peligrosa. No es tarea sencilla el intentar planificar y coordinar un equipo de seis personas mientras me tengo que poner al día de cómo debe funcionar un producto que ni siquiera sabe cómo tiene que ser quien ha redactado sus especificaciones (es bastante anecdótico que tenga que instruir a Soporte sobre el funcionamiento del producto para que, a su vez, ellos instruyan a quien va a llevar el soporte de primer y segundo nivel) . Y encima, cada vez que ahondo más en el producto, se torna más complejo y enrevesado, voy a tener que recuperar del fondo de la memoria todo lo que había aprendido de SQL Server y algo de MySQL que tengo más fresco. Y me estoy temiendo que tenga que meter mano a ASP.

No sé si será por el estrés laboral, pero he tenido una semana con más trastornos de sueño que lo habitual, varias noches he estado flotando en el estado en el que el sueño aún no ha despegado del todo y la mente confusa, no puede distinguir si se está dormido o despierto. En este estado, los pensamientos semiconscientes se mezclan con las pinceladas oníricas que va dibujando la inconsciencia. En resultado, en la mayoría de los casos, suele ser bastante perturbador. También se ha acentuado un poco (aunque es algo que siempre está muy presente) la sensación de confusión e irrealidad al despertar, la mirada clavada en el reloj intentando adivinar el significado de esos números y darle un sentido lógico, cotejándolos con la hora en la que me tengo que levantar. Muchas veces para ello tengo que empezar por la hora a la que entro a trabajar, de ahí adivino la hora a la que salgo de casa y después la hora a la que me tengo que levantar. Y hay veces que cuesta mucho, y no siempre funciona. Una de las mañanas de esta semana, después de estar mirando el reloj el tiempo suficiente para decidir que había comprendido que hora me incorporé con la intención de arrastrar los píes hasta la cocina para prepárame el desayuno. Pero in fogonazo de oportuna lucidez me lo impidió, recordándome que no me tenía que levantar a las seis de la mañana, sino hora y media más tarde. Así que me dejé caer de nuevo en la cama e intenté volver a conciliar el sueño. Tarea que resultó ser bastante más costosa de lo imaginable, y me dormí aproximadamente diez minutos antes de que sonase el despertador.

Y esto sólo ha sido la primera semana laboral completa del año. Pero espero que sólo haya sido el descontrol inicial del nuevo año. Para Febrero espero estar más equilibrado. Hay demasiadas cosas por hacer y mucha calma por recuperar, o quizás muchas más tormentas en las que naufragar, quien sabe.

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Siempre que me siento un 31 de Diciembre delante del ordenador, con una hoja en blanco y el cursos parpadeando al comienzo tengo la misma sensación. No se puede considerar un Deja-vu, ya que, realmente, he vivido esto varias veces. El problema es que las palabras que flotan en la cabeza poniéndose en fila para que los dedos las escriban letra a letra son las mismas, y las frases resultantes tendrían una semejanza espeluznante. Nada ha cambiado. ¿o sí? Bueno, muchas cosas son diferentes, ha habido evolución, ha habido algún que otro cambio, pero el fondo es el mismo.

Hoy voy a ser muy breve, de nada sirve volver a transmitir la misma idea que en anteriores ocasiones (aunque sin duda elegiría otras frases, el resultado sería el mismo). No habrá balance. No habrá propósitos (esos los tengo encerrados bajo llave en algún rincón del cerebro, o el corazón, a veces no los distingo).

Puede que cuando tenga tiempo y ganas, haga mi particular roadmap para el 2008. Y puede que éste año al fin lo cumpla. Todo es posible.

He dicho que sería breve (y he tardado aproximadamente lo que dura Highway to Hell, que ya está tocando sus últimos acordes). Así que... Feliz entrada en el nuevo año.

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Hoy ha empezado la última semana laboral del año. Extremadamente corta por fortuna. Después de la resaca (figurada, no literal) de la Navidad, que por cierto ha sido muy light, en Nochebuena creo que a las tres ya estaba en la cama, ni siquiera salí un rato a tomar algo. Y luego en Navidad se cambió el cordero (más caro y sabroso) por costilla (que no estaba mal, todo hay que decirlo). En cuanto a los regalos, lo típico: libros, algún DVD, algo de ropa y chocolate. Y cómo novedad un gatito de peluche, que es lo más parecido a un minino real que voy a tener hasta que me compre piso.

Pese a que anoche dormí menos de lo habitual (y eso ya es poco de por sí), hoy apenas he tenido sueño. Y ha sido un día bastante largo. En el trabajo hemos estado todo el día sin correo y cuando he salido a la tarde aún no lo habían solucionado, como mañana siga sin correo creo que me voy a pasar el día jugando al solitario. Por si fuera poco, tampoco se han replicado en un par de servidores unos cambios en una Base de Datos. Lo que es gracioso, porque han reiniciado el servicio de la Base de Datos y el servidor ha dejado de responder remotamente, han pasado unas cuantas horas hasta que ha vuelto a dar señales de vida. Así que primero se tienen que replicar, luego rezar para que funcione el correo y pueda coger un script que tengo allí, para pasárselo a IT y que lo ejecute en una de las Bases de Datos, luego pasarles un par de querys para actualizar unos datos (los servidores deben ser muy importantes para que nosotros sólo tengamos permisos de lectura) y, si todo sale bien, ya podría hacer las pruebas que necesito. Aunque lo más seguro es que me pase medio día al teléfono peleándome con IT para que al final me den credenciales para ejecutar los scripts y realizar los querys en la Base de Datos, típico.

¿Cómo puede ser que en una empresa grande estemos sin correo todo el día? Y con medio departamento de IT de vacaciones... miedo me da lo que pase mañana. Espero que los servidores de Bases de Datos aguanten.

Pero bueno, mañana será otro día, seguramente igual de divertido que hoy, pero faltará un día menos para otro fin de semana largo. Y ya es tarde, así que a dormir.

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Hojas en blanco. Días y días de hojas en blanco. Rutina, estrés, apatía. Y poco con lo que rellenar las hojas en blanco. Tal vez sea la época del año, o las crisis mentales, quien sabe. Me siento delante de la hoja en blanco y no salen las letras que tienen que llenarla. No es porque no haya cosas que escribir, y no sólo faltan las ganas de hacerlo, también se escapan las palabras, puedo abrir la cabeza para que vuelen a su antojo, pero se quedan agazapadas en el rincón más oscuro y profundo que puedan encontrar. Hay una canción (¡cómo no!, al fin y al cabo, todo se reduce a canciones, sobre todo las que ponen banda sonora a cada época de una vida) que me viene a la memoria al hilo de éste tema, no porque sea la que mejor lo define, sino porque es de un grupo que he repasado mucho el último mes:

Busco palabras que llenen tu oído,
sois mis palabras, ¿por qué os escondéis?
Puedo contaros el cuento del lobo
pero yo sé que no me vais a creer.
Siempre le pido las peras al olmo,
siempre le busco al gato tres pies.
Las ilusiones me quedan muy lejos,
¿por qué será? Todo me sale al revés.
No estoy Loco (Platero y Tú)

¿El último mes? ¿qué puedo decir del último mes? Que he estado escuchando a Platero y Tú casi a diario (sobre todo un elenco de canciones con una fuerza descomunal y un sentamiento que araña la piel y eriza todos los pelos del cuerpo, impagable escuchar "Me dan miedo las noches" en directo). También llevo un mes sin escribir (abandonando un par de cosas que estaban prácticamente terminadas), un mes en un estado de semi-enfermedad constante, un mes sin afeitarme (lo solucionaré en un rato, supongo), un mes repitiéndome todas las mañana que hay que cambiar algo, y reprochándome todas las noches el no haberlo hecho.

Y, ¿qué más? ¿dormir poco y mal? ¿no descansar? ¿apatía? bueno, sí, y eso no constituye ninguna novedad, quizás sea un poco más acentuado que otras veces, pero siempre (o casi siempre) nos recuperamos, ¿no?

Luego están las fechas. La adorable Navidad, tan llena de buenos deseos, de luces y colores, entrañable, ternura, regalos, alegría y risas. La jodida Navidad, acentúa la apatía, alimenta la deprimencia. Y eso que éste año lo vivo con una sensación de irrealidad, como si la estuviese viendo a cierta distancia. Sigue siendo la misma rutina, pero con más frío, más gente en la calle y miles de lucecitas poblando cada calle, eso sin contar la odiosa cancioncilla de El Corte Inglés (¿dónde quedó aquella época en la que alguien la cantaba al oído casi constantemente y no molestaba en absoluto?). Aunque, a decir verdad, aún conservo la ilusión infantil de la mañana de Navidad, por ejemplo. Pero aún así siguen siendo malas fechas, pese a que éste año apenas me esté dando cuenta (quizás es que me están golpeando con un martillo diferente).

Antes comentaba que duermo poco y mal. Es cierto, y lleva siendo así mucho tiempo ya. Da igual a qué hora me acueste, siempre duermo lo mismo, y no descanso. Y ya no duermo con ordenadores encendidos en la habitación, pero me está empezando a molestar hasta el ligero zumbido del reloj-despertador. Quizás fuese hora de probar otros métodos para dormir. Y ahora que hablo de éste tema, estos dos últimos días he estado teniendo un par de sueños un tanto extraños. Y con eso quiero decir que no son como los que suelo tener, que ya son extraños de por sí. En fin, da igual, el caso es que en sueños, he sido capaz de hilar varias estrofas formando una canción. Como es normal, en el sueño gozaban de lógica. Pero, y puede que esto sea lo raro, realmente creo que tenían sentido, estaban bien construidas y eran coherentes. Lástima que no exista forma alguna de transcribir los sueños, puede que entonces se acabase el problema de la Hoja en Blanco.

Y hay más cosas, claro. Ya era raro que en el trabajo las cosas estuviesen tan en calma (o al menos en lo que se refería al trabajo en sí). De un día a otro cancelaron el producto en el que estaba y dos días después estoy con un producto que apenas sabía cómo funcionaba. Y como responsable técnico del mismo, lo que se traduce en lo que su nombre indica: responsabilidades. Aunque me queda bastante para ponerme al día de todo, vuelve a ser un giro vertiginoso, abandonando mi preciado Linux para volver a Windows (llevo una semana y ya odio el pseudo lenguaje de VBScript). Además me tengo que poner al día con Bases de Datos. Pero siempre se agrada el volver a"mandar".

Para terminar, y sin que tenga absolutamente nada que ver, he visto (al fin) Hot Fuzz (Arma Fatal). Realmente impresionante. Me ha encantado tanto como el anterior trabajo del tándem Edgar Wright-Simon Pegg: Shaun of the Dead. Y también repite como coprotagonista Nick Frost, cosa que se agradece mucho. Es una espléndida comedia, aunque no me ha acabado de convencer el doblaje (sobre todo la voz del protagonista) y quizás es un poco descafeinada en algunos momentos, un tanto enrevesada y con un final exagerado, pero muy, muy entretenida. Y recomendable, claro.

Y ya que estoy (y para justificar que alguna cosa si he hecho en éste periodo de tiempo) he hecho alguna Actualización en la página, poco que se pueda ver a nivel visual, pero unos cuantos cambios invisibles (o deberían serlo).

Bueno, al final no ha sido tan complicado escribir un par de párrafos, ¿no? Aunque, como siempre, hayan sido palabras vacías y superficiales. Pero para profundizar un poco más es necesario sangrar, y no siempre se está dispuesto a dejar que el líquido rojo se derrame, al menos sin estar seguro que el corte, y el dejar al descubiertos las entrañas y lo más profundo que uno guarda dentro, merezca realmente la pena.

Feliz Navidad.

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En Abril de éste año vi, por primera vez, la película Más Extraño que la Ficción. El film me agradó bastante (lo he visto un par de veces), no me gusta hablar de los argumentos de las películas, es mejor verlas sin saber mucho de la historia, así que si alguien no la ha visto, que invierta dos horas de su vida en su visionado. En la película se debatía sobre la posibilidad de que la vida sea una tragedia o una comedia. Incluso el protagonista (muy bien interpretado por Will Ferrell) llevaba una libreta donde iba marcando las situaciones que podían incluirse dentro de uno de los dos géneros. Yo no he llegado a ese extremo, pero me faltarían páginas en la libreta enumerando las situaciones que podrían entrar en uno de ellos, de hecho muchas de esas situaciones podrían entrar en cualquiera de los dos grupos, dependiendo de cómo se enfoque. He visto demasiadas películas de Woody Allen como para entender que muchas veces van unidas la tragedia y la comedia.

Y no sólo en el cine, evidentemente. Viendo las situaciones desde cierta perspectiva podría construirse dos historias paralelas, una trágica y otra cómica. Desgraciadamente no se ven en perspectiva y suele imperar la visión trágica. Y elementos dramáticos no faltan, más bien sobran, pero que sería de la vida sin emoción... o eso dicen.

El caso es que a veces hay situaciones que se antojan de lo más curiosas, por llamarlas de alguna manera, sobre todo por el elenco de variables que se entrelazan con ella, formando una gran telaraña que se convierte en la tragedia o la comedía de la vida.

Puede que sea por la forma en que contemplo mi vida de vez en cuando, desde una posición un tanto alejada y analizándolo como si de un libro o una película se tratase. Desde luego argumento no iba a faltar.

En fin, es curioso lo caprichosa que es la vida, o quizás seamos nosotros los que hacemos así de caprichosas las situaciones, o el azar que se empeña en agitarnos fuerte cuando menos nos lo esperamos, o puede que estemos condenados a arrastrar con nosotros a nuestros demonios, ¿Quién sabe?

Cambiando de tercio y dejando a un lado vanas reflexiones sobre lo trágico o lo cómico de la vida, el otro día leí que Doctor Deseo espera sacar nuevo disco a principios del año próximo, habrá que esperar expectante el trabajo de estos bilbaínos, capaces de mezclar grandes canciones con temas más bien mediocres, pero en general su discografía es bastante interesante.

Ah, y ayer me regalaron una jarra recién traída de Alemania. Muy bonita y maja ella (la jarra y la chica) :-) Ahora sólo falta estrenarla con una buena cerveza (y buena compañía).

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auriculares

Parece ser que ya empieza el mal tiempo de verdad, han bajado las temperaturas y empieza a llover con ganas. Cuando he salido de casa esta mañana caía una tromba de agua bastante considerable, ni siquiera he cogido el libro, para que no se me cale entero. Al llegar a mi parada del metro he estado a punto de dejarme el paraguas, me ha tenido que avisar una chica de que lo había dejado en el asiento (¿o eso fue ayer?). Bueno, el caso es que ha estado casi todo el día lloviendo, menos mal que ha parado a la hora de comer, lo justo para ir del trabajo a comer, de allí a una cafetería y de vuelta al trabajo.

Otro indicio de que el Verano se ha terminado y ha dado paso al Invierno (sí, Invierno, nada de Otoño, estamos como en el metro, sólo hay dos temporadas: Verano e Invierno, y la de Verano ya ha finalizado). Como decía, otro de los indicios de que se acabó el calorcito, es que he cambiado mi habitual batido de chocolate de después de la comida (no bebo café) por un cola-cao bien calentito. A decir verdad demasiado bien calentito, menos mal que íbamos con tiempo y ha dado tiempo a dejarlo enfriar un poco. No sé como lo hace la gente que lo toma hirviendo, le tiene que quemar la garganta, el esófago (si se llama así, que tengo la anatomía muy olvidada) y el estomago. Y es que hay gente que tiene que usar servilletas para coger el vaso porque le quema las manos, pero aún así se lo bebe.

A la tarde, después de salir del trabajo, he ido a comprar unos auriculares para el iPod. Los que traía de serie son bastante malos, con lo que cuesta el aparatito ya podrían haber esmerado un poco más, pero es Apple, ¿Qué se puede esperar de ellos?. El caso es que me he gastado casi treinta euros en los dichosos auriculares. Puede que no sea mucho, pero a mi me parece bastante para unos auriculares de botón que, probablemente me cargaré en dos días. La última vez que me compré unos pagué unos cuatro euros, y con un cheque regalo de El Corte Inglés.

Son unos Sennheiser (que se supone que es buena marca), son de gama media/baja, pero la diferencia con el truño de Apple es abismal, ahora escucho música, antes a saber... Eso sí, el control de volumen que llevan es bastante inútil, apenas regula nada, así que entre tenerlo o no llevarlo no hay mucha diferencia.

El modelo es MX55 VC Street, vamos, éste de aquí abajo:

 Sennheiser MX 55 VC Street

Y para acabar (y para justificar lo que me costó la cámara en su día), una foto de cuando he llegado a casa y había dejado de llover (aunque no han pasado ni diez minutos y ha vuelto a jarrear como cosa mala). Es sólo el Arco Iris, que ahora cuando lo miramos parece una tontería, y algo bastante lógico y normal. Pero de pequeños fascinaba el ver esos colores en el cielo, formando un arco tan perfecto (o al menos a mí).

Arcoiris

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silvestre

Resulta curioso. Esta mañana me he levantado diez minutos tarde y he salido de casa cuatro minutos antes que lo normal. Y he hecho exactamente lo mismo que el resto de días, ni más ni menos. Por lo general ya suelo ajustar bastante el tiempo, no voy corriendo pero tampoco me lo tomo con mucha calma. Y excepto algún día que ando muy justo, por lo general siempre hago lo mismo (y en el mismo orden): levantarme, prepararme el desayuno (cuarenta y cinco segundos de microondas mientras exprimo un par de naranjas), sacar la comida de la nevera y meterla en la mochila, desayunar, ducharme, vestirme, hacer la cama (aunque estas dos últimas se pueden invertir), calzarme, acicalarme un poco y salir. Total unos cuarenta minutos, aunque hoy han sido menos de treinta.

Y, como me suele pasar muy a menudo, no me he percatado de que estaba lloviendo. Y eso que salgo al balcón al menos dos veces antes de salir de casa. Pero hasta que no he llegado a la puerta del portal no he visto que llovía. Menos mal que siempre llevo el paraguas en la mochila. No es que lloviese mucho, ni siquiera hacía frío, pero caía lo suficiente como para empaparme entero en el camino al metro.

Metro que he perdido, por cierto. Y no por falta de tiempo. Cuando bajaba las escaleras que terminan en la boca del metro me he parado en seco. Debajo de mí, en uno de los escalones (de esos empedrados y de color arena) yacía un gato de ese mismo color, con algunas manchas un poco más oscuras. Era bastante pequeño, así a ojo calculo que tendría entre seis meses y un año, aunque es más un ejercicio de adivinación que algo basado en conocimientos veterinarios. El caso es que estaba acurrucado, junto a la pared y me miraba fijamente, con esa mirada que sólo tienen los gatos, y los bebes tal vez. Pensaba que echaría a correr huyendo, pero no ha hecho ningún movimiento, se ha limitado a mirarme. Yo le miraba a él, intentando adivinar que haría allí solo el pobre animal, he tenido fugaces pensamientos de agacharme y recogerlo, incluso he llegado a pensar que pasaría si lo llevase al trabajo metido en la mochila. Por supuesto, no lo he hecho, no sabría que hacer con él luego. Ni siquiera sé donde puede haber una casa de acogida para gatos por aquí cerca. He bajado cuatro o cinco escalones, hasta llegar a un descansillo y me he vuelto para mirarle. Seguía en la misma posición, pero había girado la cabeza y seguía observándome atentamente, en su mirada no había miedo, tampoco había suplica (lo que habría hecho mucho más duro el marcharme dejándolo allí), simplemente era curiosidad.

La verdad es que me ha dado pena que se quedase ahí, pero poco podía hacer, y tampoco me ha parecido que estuviese pasando muchos apuros, es una excusa un poco estúpida, y me hubiese gustado llevármelo, pero no tenía muchas opciones, ni siquiera hubiese podido llevarlo en metro (a no ser que permaneciese quieto y callado dentro de mi mochila). Por lo pronto voy a apuntar números de asociaciones o casas de acogida a las que pueda llamar si me encuentro a otro gato en esa situación.

Y eso ha sido lo más significativo de hoy. Luego a trabajar, y poco más. Bueno, hoy ha salido el nuevo disco de Despistaos (Vivir al Revés). Pero aún no lo tengo, así que no puedo opinar sobre él.

Tal vez otro día (y de paso hable del que va a sacar en breve Quique González o, metiéndonos en rockanroll más urbano y duro, los futuros trabajos de Sínkope o Forraje). Y quizás pueda contar unas cuantas cosas más de otros tantos temas que siempre dejo en el tintero (menos mal que es figurado, de lo contrario haría siglos que mi tintero estaría desbordado).

Pero eso será otro día. Tal vez.

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