Miércoles 8 de Septiembre del 2010, Same Shit, Everydays!
Muchas veces hay un torbellino de pensamientos revoloteando por la mente, que se convierten en reflexiones muy personales. Por lo general, éste tipo de pensamientos se quedan arrinconados en la cabeza, condenados al olvido. Pero alguna vez intento plasmar todo lo que danza por mi desordenada cabeza en palabras más o menos entendibles. El resultado nunca es el mismo, me resulta imposible dotar a las frases con toda la fuerza de los pensamientos, pero suele quedar transmitida la idea principal
Seis de Abril. Hablas de traiciones, de momentos perdidos, de despedidas fatales. Gritas por lejanas caricias, besos olvidados y sabores anhelados.
Seis de Abril, susurras al oído todo aquello que se esfumó tiempo atrás. nublas mis ojos, afloran las lágrimas, la rabia enloquece.
Seis de Abril, hoy has vuelto a amanecer, oscureciendo la memoria, amarrando en el corazón el lastre de los recuerdos.
Seis de Abril, sigues negándome sueños. Revolotea por la cabeza la sombra del pasado, afilando sus garras y graznando como el cuervo que anuncia la Oscuridad.
Seis de Abril, me encadenas, me amordazas, me torturas con la pérdida. Te burlas de la soledad y de fantasmales visiones de felicidad tiempo atrás dejada.
Seis de Abril, ves pasar mujeres pero ninguna borra el lamento. Vienen y van pero no consiguen entrar en el alquitranado corazón.
Seis de Abril, eres sólo una fecha, pero tienes la fuerza de un millar de golpes en el cetro del corazón.
Y aunque el Seis de Abril se esfuma, la estela del pasado danzará durante interminable tiempo.
Maldito Seis de Abril.
Pocas veces somos conscientes de verdad de la fragilidad en la que vivimos. La burbuja de cristal en la que no hayamos protegidos puede quebrarse en cualquier momento. Y sólo queda el recuerdo. Tantas cosas por hacer, palabras por decir. Y sólo queda la pena. Dejamos que la impasibilidad dicte nuestras vidas, que pasen los días sin atrevernos a vivir, postergando lo que anhelamos y lo que esperamos de la vida, creyendo que tenemos tiempo. Que siempre tenemos tiempo. Pero ese tiempo avanza, cada vez más deprisa y no podemos luchar contra él, ni detener su acelerado ritmo. Tarde o temprano se parará el reloj. Quizás tengamos un instante para pensar en todo lo que debimos hacer y no hicimos, en lo que debimos expresar y no expresamos, en aquella persona a la que debimos amar, pero... Ya no habrá nada que hacer, no tendremos oportunidad de enmendar todo aquello que dejamos en el aire. Pero, pocas veces somos conscientes de verdad de la fragilidad en la que vivimos. No nos damos cuenta de lo rápido que puede cambiar todo. De lo rápido que se pueden quebrar los sueños y las ilusiones. Todo lo que damos por hecho, todo lo que tenemos (o creemos tener), todo lo que no tenemos pero creemos que conseguiremos, todo es efímero. Si no nos ponemos las pilas hoy, puede que mañana sea demasiado tarde. Si nos mantenemos impasibles sin tener el valor para dar el paso, corremos el riesgo de que nos venza el tiempo. Llegará el día en el que seremos derrotados. Perderemos la partida, no estamos destinados a ganarla, ni siquiera a que sea un juego justo. Mas no debemos abandonar el juego, siempre podremos batallar e intentar aprovechar al máximo el tiempo que dure la partida. Porque al final, inevitablemente, se acabará. Y el final es tan inesperado como inoportuno. Solamente siendo conscientes de la fragilidad de nuestra existencia seremos capaces de perseguir los sueños y domar a la apatía mientras seguimos inmersos en éste gran juego.
Aún me queda partida por jugar.
Una lágrima cae. Será la falta de costumbre. Un rostro, una sonrisa. Un corazón que, momentáneamente, deja de latir. Miles de sentimientos intentan aflorar, pero se les hace un nudo para que permanezcan en el sótano del corazón, de donde nunca deberían salir, al menos si se quiere mantener la cordura emocional. Aunque es una tarea harto difícil. Intenta sonreír, ocultar todo el revuelo que hay tras los ojos. Palabras de suplica quieren hacerse oír, acallarlas es lo más sensato. Aún así es agradable volver a contemplar lo que tanto se quiere. ¡Dios! Si tan sólo pudiera acariciar su rostro...
Y ahora, a solas, una lágrima cae. Y otras la siguen. Cada una lleva tallada una palabra. Veo "nostalgia", otra dice "amor", hay las que piden piedad y las que suplican una nueva oportunidad, aunque la mayoría claman volver atrás, a un tiempo en el que no hacía falta que se derramasen. Pero sin cometer tantos errores y estupideces. Dicen que con el tiempo se aprende de los errores, como evitarlos en el futuro y se madura. Y puede que sea cierto, pero, ¿de qué sirve todo eso si ya se han cometido los errores que marcarán el resto de tu vida y que impedirán conseguir lo que más se ansía?
Lágrimas que bañan un mar de recuerdos, un océano de sentimientos. Tanto tiempo ha pasado, pero no se curan las heridas. Daría lo que fuera por volver a empezar (una vez más), pero daría mucho más por tener una nueva oportunidad con quien de verdad supo embrujar mi corazón. Porque siempre será suyo, sólo me queda envolverlo y enviarlo, quizás lo cuide mejor que yo.
Lágrimas, lágrimas, lágrimas. Estoy cansado de la pasión ambulante, de la derrota como forma de vida, del desamor por bandera. ¡Joder! Tantos "te quiero" que no supe decir, tantas palabras que no pronuncié. Y no sirve de nada ser ahora mejor, si ya no se está con quien serlo. Maldigo en voz baja y me recuerdo a mi mismo que, si no se puede volver a tener lo que antaño se poseía, quizás en el futuro se tenga algo mejor. Pero es muy difícil encontrar las fuerzas para creerlo.
Sediento. Pero no hay bebida que calme mi sed. El corazón ardiendo. Quema, duele. No es posible cerrar las heridas que palpitan en carne viva. Un túnel al pasado se abre con una canción, una palabra, un pensamiento, una imagen. Aquella sonrisa imposible de olvidar, los besos avivando la lumbre. El corazón que parecía no conocer el dolor de sentirse desgarrado.
Un paso atrás en el tiempo (la tumba de los lamentos). Caen los recuerdos y vuelve el nudo en la garganta, el vacío en el estomago. Y la sed sigue presente. Pero la boca no quiere agua. Desea los besos perdidos, ansía los abrazos efusivos.
Las lágrimas derramadas no calman al abrasado corazón. Huye lejos. No quiere ir a un dónde sino a un cuando. Ayer no sufría. Ayer no lloraba. Ayer se mecía en las cuerdas de la felicidad. Ayer es más que una palabra, es un grito del tiempo pasado, alarido de dolor.
Nadie lo calma, nadie lo abraza. Eso sólo pasó Ayer. Pero hace mucho tiempo del Ayer. Se consume soñando con viejos amores. Palpita, pero no por querer vivir, sino de puro dolor. Nada cura sus heridas. Tan sólo mantiene el recuerdo de Ayer. Y su sed es inmensa. Quiere beber esos momentos que navegan en el mar de los recuerdos, volver a vestirse con besos y caricias. Y no puede, no comprende que por mucho que cierre los ojos y se concentre en recordarlos, jamás volverán. Por muy cerca que estén las manos de tocar esos momentos, por muy nítida que esté esa sonrisa en la mente. Eso ya pasó. Ayer. La boca ansía poder beber de esa fuente de buenos recuerdos. Pero sólo es un espejismo en el desierto inmenso que hay frente a mi.
Sed de todo aquello que se perdió. Sed de amor compartido, pero esta vez mejor. Sed de Ayer.
Abro los ojos. Estoy en mi habitación, pero no estoy solo. Alguien está conmigo, alguien que perdí hace mucho tiempo. Pero todo es muy natural, como si jamás se hubiese marchado. Acaricio su cara para asegurarme que realmente está ahí. Sonríe. Siento un impulso imparable de abrazarla, o de arrodillarme ante ella y agarrarla para que no se vuelva a escapar. Pero sé que estoy soñando y que, tarde o temprano, todo se desvanecerá y sólo quedará flotando en mi mente la imagen de su cara sonriendo. Y despierto, en mi cama. Intento por todos los medios volver a dormir, sin olvidar el sueño. Cierro los ojos y casi la vuelvo a sentir junto a mi, procuro volver a ese sueño, mis brazos casi creen poder abrazar su cuerpo. Pero es sólo un espejismo, que se esfuma rápidamente. He despertado completamente de ese sueño. Pero hay algo que no acaba de cuadrar. He despertado pero no estoy despierto. Y lo sé. Inevitablemente volveré a despertar. ¿Será la definitiva? ¿O estaré de nuevo dentro de un sueño? Eso poco importa ya, sea como sea ella ya no estará, por mucho que esté soñando eso es algo que sé con certeza. Vuelvo a despertar. Y está vez es de verdad, no hay ninguna duda al respecto, la realidad aterriza en mi mente y arrasa mi cabeza como si fuera un huracán.
El sueño dentro del sueño. Un despertar tras otro. Vivir y recordar dos sueños en uno. Uno doloroso y otro desconcertante.