Sábado 4 de Septiembre del 2010, Same Shit, Everydays!
Fin de semana normalito, salir el viernes, descansar sábado y domingo, no es mal plan.
El viernes a la noche hubo cena con unos cuantos compañeros de trabajo (creo que eramos 26 ó 27). Después de tomar algo para ir abriendo boca, fuimos a una cervecería a cenar. Y en mi opinión, el menú no estuvo a la altura del precio, no estaba malo, pero tampoco era algo espectacular, y era bastante escaso. Pero eso apenas importó, no tardamos mucho en empezar con tonterías varias (¡qué de juego dan un puñado de globos!). En la mesa de al lado estaba la plantilla del iurbentia Bilbao Basket celebrando su victoria frente al Barcelona, aunque a mi me lo tuvieron que decir, y ni siquiera me acerqué a saludar. Después del postre (chocolate, por supuesto), salimos en busca del bar más cercano. Llevaba lloviendo desde el principio de la noche, así que había que ir esquivando la lluvia, o arrimarse a alguien con paraguas (lo que no era mala opción, la verdad).
El primer bar al que llegamos estaba vacío. Serían las doce o doce y media. Pedimos unas copas y estuvimos durante largo rato allí. Jugamos un par de partidas o tres al billar. Hacía más de tres años que no jugaba al billar, y nunca he sido especialmente bueno, pero no tuve mala noche, y parece que iba jugando mejor cuanto más bebía, igual está ahí el secreto. Después de declararnos vencedores absolutos ante las mujeres, cambiamos de bar.
Vagamos hasta otro bar, entre lluvia, una vez más. En esta ocasión había bastante gente en el bar, pero no tardamos en hacernos un hueco en una esquina. Estuvimos en el bar un buen rato, hasta que las mujeres se pusieron celosas cuando un par de treintañeras intentaron ligar con nosotros. ¡Mujeres! Pueden estar toda la noche pasando de nosotros, pero cuando alguna se nos arrima, enseguida sacan las garras.
Así que salimos del bar, y como ya era tarde y los bares empezaban a cerrar, nos fuimos marchando lentamente. Tras unos cuantos desvaríos y algo de charla, sobre las seis de la mañana nos retiramos.
En algún momento de la noche, le dejé mi cámara de fotos a un compañero de trabajo, para no estar pendiente de ella. Aunque luego, se me olvidó pedírsela, así que se la llevó a casa. Espero que no tuviese fotos (muy) comprometidas en la tarjeta, que nn vaciaba desde el año pasado.
La noche dio para bastante más, pero la mitad se me ha olvidado, y no tengo ganas de relatar la otra mitad, así que tendrá que valer con éste pequeño resumen, pondría alguna foto (me sorprende mi total indiferencia ante hacer el ridículo delante de una cámara de fotos), pero no tengo ni la cámara ni las fotos.